lunes, diciembre 11, 2006

La nueva yo


Todo en la vida pasa por algo y soy de las que piensa que por algo bueno. Más allá del shock inicial que nos produce algunas noticias o hechos, está la capacidad de asumir la vida con optimismo y entereza. Todo pasa...hasta lo malo pasa, -siempre he dicho-, y éste es el momento de demostrármelo a mí misma.
Cuando un ciclo termina, seguramente comienza otro mejor todavía. En la vida, nos movemos en etapas y me gusta pensar que cada vez que cerramos una ventana, mil más se abren ante nuestros ojos.
En este momento, siento que vendrán oportunidades nuevas que siempre quise tener y disfrutar y no aproveché porque se quedaron en simples ilusiones que nunca pude concretar.
Estoy tomando decisiones importantes que ameritan coraje y valentía, cuando no me he distinguido, precisamente, por ser valiente respecto a mí misma.
Dios me da ahora el chance de tomar las riendas de mi vida, por primera vez, sola.
Decir que no tengo miedo, es mentir. Lo tengo y mucho, pero se que gozo del soporte emocional que me da la fe en Dios y del apoyo de mucha gente que me quiere bien.
Por supuesto, tengo a mis hijas, a mi madre y a mis dos viejitas que son incondicionales en todo sentido y, claro, a mi hermana, Gloria Sara, que ha estado y estará conmigo siempre.
Me siento una luchadora en todo sentido. Ahora me toca luchar por mi felicidad. Por un nuevo comienzo, por nuevos amaneceres, por esas oportunidades que no se me dieron antes, por nuevos anocheceres y por los sueños perdidos. Yo se que puedo y esta vez, tendré más cuidado en no equivocarme tanto.
Le agradezco a Dios su respuesta, siempre oportuna, a mis plegarias. Dios escucha y si le pedimos con fe, como él lo quiere, se nos da.
Soy hija de Dios y en sus manos pongo mi camino. Se que me ayudará a salir adelante, como saldrán adelante mis hijas que son sagradas para mí.
Le pido hoy, también, sabiduría para saberlas conducir por caminos de amor y no de tristezas o de odios. Eso oscurece el espíritu y no vale la pena. Estamos llamados a ser criaturas de luz, no de sombras.
La nueva yo está en lista de espera para ser feliz. Se que lo lograré con el favor de Dios y esa felicidad vendrá como racimo de uvas....ya verán.

jueves, noviembre 30, 2006

VENEZUELA...mi país

Este domingo 3 de diciembre, Venezuela, mi patria querida, estará centrada en el proceso electoral más importante de toda su historia política. Nunca como antes, la libertad y la democracia habían estado tan amenazadas como ahora. Estamos frente a una disyuntiva que ha de llamar a la reflexión a todos y todas en Venezuela, pues está en juego un estilo de vida que nos es propio; bajo el cual crecimos y queremos seguir disfrutando.
Los venezolanos no somos comunistas. Los venezolanos queremos vivir en paz con la posibilidad de ser cada día mejores a través del trabajo, del esfuerzo, de la educación.
Por eso, no podemos aceptar que se nos intente adoctrinar en una ideología que nos niega como nación porque ésa no es la Venezuela a la cual estamos acostumbrados.
Necesitamos trabajar mucho para regenerar el país y darle consistencia; son palabras de El Libertador Simón Bolívar que están vigentes como en aquellos tiempos.
El 3 de diciembre, en consecuencia, hago un llamado ferviente a votar por el candidato de la Unidad Nacional: Manuel Rosales Guerrero, actual Gobernador del estado Zulia: mi amada región.
A los zulianos nos lloaman "regionalistas", pero les aseguro que así como queremos el Zulia, también queremos Venezuela y no la dejaremos sola este 3 de diciembre.
Los zulianos, desde el propio Manuel Rosales, hasta el más humilde de nuestros paisanos, votaremos, defenderemos ese voto y cobraremos, porque estamos criados para pelear nuestras batallas con valentía, coraje y espíritu de triunfo.
Por el futuro, por la libertad, la democracia y la justicia....MANUEL ROSALES, ¡presidente!.
Dios bendiga Venezuela y al pueblo venezolano.

sábado, septiembre 30, 2006

Érase una vez una muchacha llamada María....

Hace ya mucho tiempo, -casi veinte años, para ser exactos-, conocí una muchacha llamada María. Me encontraba yo en una de esas situaciones en las que ocurren cambios de diverso tipo: cambio de trabajo, cambio de ciudad de residencia, de estatus de vida, entre otros aspectos y allí estaba yo, reportándome presente ante ese estado de cosas que conformaría mi nueva vida.
Así, en medio de aquel torbellino que comenzaba a envolverme, apareció María. Parece que fue ayer cuando la vi entrar a aquel sitio con su larga y negra cabellera que le llegaba casi a la cintura. Su cuerpo, recuerdo que se me pareció al de una perfecta guitarra y su cara, -eso sí-, con el rictus de esas personas serias, a las cuales es difícil sacarles una sonrisa.
Claro, no es que María fuera una persona difícil, ni amargada, no; sólo que era una muchacha bien plantada sobre la tierra, sin esos artificios que suelen verse en muchas otras personas.
Su andar también me llamó la atención: caminaba con ese paso de quienes se saben poseedores de algo que los hace especiales. Quizás ella no estuviera tan conciente de ello pero yo sí pude advertirlo.
Comencé a trabajar en aquel lugar los primeros días del mes de noviembre de 1987. Con el tiempo, María y yo fuimos interactuando cada vez más. Era una chica sencilla, criada con principios y valores. Eso sí; seria, muy seria, especialmente en su trabajo, al cual se dedicaba por entero y desempeñaba muy bien.
Poco a poco me fui enterando de varis aspectos de su vida los cuales, -obviamente-, desconocía para aquel entonces. De ellos, me llamó la atención la ausencia de un amor verdadero y el que no hubiera terminado sus estudios de bachillerato.
Sobre lo primero no podía ni tenía como intervenir pero, sobre lo segundo, me propuse hacer algo al respecto. Con el correr de los meses que, luego, se convirtieron en años, María y yo, junto a otra chica muy especial llamada Yannery, nos fuimos haciendo amigas entrañables.
Ya yo tenía dos años de graduada en la universidad y me parecía que todo el mundo debía disfrutar de la oportunidad de avanzar y forjarse un futuro. Por eso, comencé mi propaganda hacia la necesidad que ella y Yannery terminaran o prosiguieran sus estudios (Yannery sí era bachiller).
Ese trabajo nuestro y ese lugar que fue el escenario de muchas experiencias en mi vida, quedaba en la Costa Oriental del Lago, a una hora de distancia, vía terrestre, de mi ciudad natal.
Para finales de 1990, habiendo ya nacido mi segunda hija, sentí la necesidad de regresar. Cada viernes me trasladaba a Maracaibo para pasar el fin de semana en la ciudad, con mi familia de origen y cada domingo regresaba a mi nuevo hogar...siempre llorando.
Y no lloraba porque no tuviera buenas amigas y buenas vivencias, sino porque soy muy apegada a mis rutinas, a mis costumbres y a mis seres queridos.
Lo cierto es que ese momento, me pareció que era propicio para el regreso. Habiéndose dado ciertas circunstacias que favorecieron dicha posibilidad, solicité mi traslado a tierra maracaibera y lo obtuve en noviembre de 1990....tres años después de haber llegado a Ojeda.
Mantuve la comunicación con mis amigas. Nos llamábamos con cierta frecuencia y hasta yo las visitaba, de vez en cuando, cuando iba por esos lares.
Uno de esos días que ahora recuerdo con gran alegría, me enteré que María había reiniciado sus estudios y se había graduado de bachiller. Juntas, ella y Yannery, comenzaron en el tecnológico y culminaron una carrera técnica. Dios mío...¡se habían graduado!
Enseguida, ambas me lo comunicaron y María, en particular, me dijo que todo eso me lo debían a mí. Se podrán imaginar lo que sentí cuando, aquella muchacha poco expresiva, se daba el permiso a sí misma para manifestar sentimientos tan bonitos que sonaron a genuino agradecimiento.
Siguió pasando el tiempo y otro de esos días, que evoco con tristeza, me comunicaron que María estaba enferma. Aparentemente tenía un problema en sus pulmones y el cuadro empeoraba cada vez más.
La trasladaron a un hospital de Maracaibo, donde permaneció varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos.
Una de esas madrugadas en las que, insomne, quise saber de su estado, llamé al personal de enfermeras del Universitario para que me informaran sobre María.
Aún recuerdo aquella voz que me decía: la Señorita María Quintanilla, acaba de fallecer...
De verdad, no se como describir aquel instante que parece congelado en el tiempo.
María representó para mí muchas cosas: fue mi primera imagen de aquellos años que marcaron mi vida de tantas maneras; fue también la representación de mi propio Muro de Berlín que, nuevamente, era derribado, porque me fue difícil adaptarme a todo aquello al principio y fue dificil para ellos aceptarme, tomando en cuenta que me veían como la citadina centralista que iba a mostrarles su superioridad (¿cuál superioridad?, diría yo).
Pero si María no sólo me aceptó sino que se convirtió en mi amiga, el resto, puedo decirles, que también me acogió como una más a medida que fueron trascurriendo los meses.
Hace apenas dos días atrás, hurgando en mi pequeño desastre de mi closet, me encontré una vieja nota que una vez me envió María, autogafiada por ella.
La nota revolvió en mí todos estos recuerdos y me permitió apreciar, aún más, el valor del tiempo, de las personas y del afecto.
En esa nota, ya no se advertía a una María distante, seria e inexpresiva, sino a una muchacha maravillosamente cálida y cariñosa que me decía, en sus propias palabras y con esa sencillez que compartíamos, que me quería.
Bien, yo también te quise, María y te seguiré queriendo por el resto de mi vida. Pero más importante: yo también te extraño...
Por eso, quise hacerte este pequeño homenaje a tu memoria, porque fuiste especial para mí y compartimos momentos únicos que atesoraré hasta mi último suspiro.
Descansa en paz, mi buena amiga....¡claro, verdad!.
Lucre.

sábado, julio 01, 2006

La albiceleste se fue...pero se fue en la gloria. Dedicado a mi amigo Ricardo.


Es verdad que ayer perdió la albiceleste pero, sólo por esta vez, porque vendrán nuevos mundiales y otras figuras que serán las escogidas por Dios para brindarle grandes satisfacciones al pueblo argentino y a quienes seguimos su selección de fútbol.
La gente pasa, pero siempre habrá otros juegos, otros encuentros, otras ocasiones que disfrutar. Si aun no pudiéramos verlas nosotros, las generaciones por venir las verán. El fútbol queda, la gloria está intacta, los recuerdos seguros en el alma.
Ayer se derramaron muchas lágrimas, pero muchos sentimos orgullo por haber visto esos valientes jugadores dar el corazón por su equipo y por todos los que estaban con él. ¡Ésa es la verdadera victoria!
No son éstas palabras de consuelo; son palabras de cariño que esperen lleguen cargadas de la misma emoción que siento al escribirlas.
Ayer pensé mucho al pueblo argentino; lo pensé en cada jugada, en cada acción, en cada defensa. Ayer, para mí, la distancia se borró. Fue, quizás, esa sensación de proximidad que da este mundo tan globalizado. Sabía que a esa misma hora, estaba viendo exactamente lo mismo que veían mis ojos... Es cierto que algunas fronteras se borran.
Ahora esperaremos el Mundial 2010. Uff...suena lejos pero el tiempo es más rápido que nosotros y, casi sin darnos cuenta, hundidos en nuestras cotidianidades, llegará la oportunidad de volver a hinchar a la albiceleste...a esa gloriosa selección que ayer demostró que se pelea hasta el último pitazo y en el campo de juego, se entrega el cuerpo, el alma y la razón.

jueves, junio 29, 2006

Felicitaciones, hija.


Ayer, finalmente, culminó el ciclo de clases de secundaria mi hija Luisiana. Como nos pasó a todos, está cerrando un ciclo importante de su vida el cual, cuando pase el tiempo, recordará con nostalgia pero también con alegría por haber tenido la oportunidad de haber compartido risas, alegrías, juegos, experiencias y hasta momentos no tan felices con esos compañeros y amigos de su colegio que se quedarán con ella, en su corazón y en sus recuerdos, hasta el fin de sus días.
Para mí, representa también una nueva etapa. La miro y me doy cuenta de cuan efímero es el tiempo, de cuan rápido avanza, de cuan increible es su legado.
Parece que fue ayer cuando Luisiana llegó al mundo. Recuerdo perfectamente el momento cuando escuché su llanto; mi emoción desbordada por saberme madre y su pequeñito rostro en el que deposité los dos primeros besos que le daría en su vida: uno en su mejilla y el otro en su frente.
Mi negrita...ya es hoy una joven preuniversitaria que está a punto de tomar el rumbo de su carrera profesional.
Mientras escribo esto, siento unas inmensas ganas de llorar. No es tristeza; -repito-, es nostalgia.
Sin querer, todo se entremezcla y sientes que las historias se repiten en contextos similares, con gente y experiencias diferentes.
Siento que Luisiana ha sido feliz en su colegio. Comenzó en él desde que tenía 5 años y egresa a los 17. Logró integrarse a todas las experiencias bonitas que le tocó vivir en esos años (doce, para ser exactos) y se destacó como persona y estudiante, pues estuvo en el cuadro de honor ininterrumpidamente desde que entró al colegio.
Hoy, sale de esas aulas tan queridas siendo el primer promedio de su promoción y dejando en sus maestros la imagen de una persona responsable, disciplinada, inteligente, talentosa y capaz.
Conserva muchísimas fotos de sus años de colegiala. Eso es tan hermoso, porque cuando pasen los años, podrá regresar la mirada y recrear todos esos momentos.
Recordar es vivir, dicen por ahí...
Me siento muy orgullosa de ella.
Además de excelente en sus estudios, es un precioso ser humano de buenos sentimientos, nobleza y tantas otras cualidades que mi amor de madre me harían mncionar con poco pudor.
Ahora, se abren nuevas puertas, se presentan nuevos retos y grandes expectativas para ella.
Lo único que puedo decir es que siempre estaré con ella para apoyarla, ayudarla y hacerla sentir que puede lograrlo todo con esfuerzo porque la capacidad y el amor ya están garatizados.
Desde aquí, hija mía, te bendigo y te deseo todo el éxito que mereces en tu nueva etapa universitaria, futura ingeniera industrial, porque sabes trabajar por tus metas y tienes todo el potecial que hace falta.
FELICITACIONES, LUISIANA AMADA.
Mami

domingo, junio 04, 2006

Rompiendo el silencio


Hace mucho que no escribo; lo se, pero eso sucede cuando ponemos en remojo el espíritu por cierto tiempo. A veces una necesita pensar, meditar, reflexionar, pues.
En medio de este silencio, he tenido la oportunidad de repensar muchas cosas.
Para empezar, me di cuenta que no me estaba queriendo lo suficiente a mí misma y eso es fundamental. De hecho, para poder querer a alguien, tienes que quererte tú primero, -me dije-.
Luego, entendí que no puedes forzar absolutamente nada en la vida; ni siquiera (y más importante aún), el amor. Puedes intentar poner el corazón al servicio de él; puedes esforzarte en dar lo mejor de tí; puedes entregarte por entero e igual, si no es posible, no lograrás nada.
Pero, si todavía así no encuentro eso que busco, siempre me quedará estar conmigo misma y seguir adelante con mi vida, que tiene muchos matices.
Allí están mis hijas, mi madre, mis viejitas adoradas; mi trabajo y mi mundo interior.
Todos los días salgo a la calle con la mente llena de proyectos y el alma plagada de ilusiones. Será que sigo esperando un cambio de rumbo que me sitúe en esa idílica posición de estar donde me sienta feliz.
Vamos, ya estoy clara respecto a la felicidad. Con ello me refiero a estar en un momento en el cual me sienta a gusto con el solo hecho de sentir que estoy viva y pueda salir a la calle a respirar aire fresco con esa sensación de no deberle nada a nadie.
Quizás algún día lo logre.
Quizás.
Mientras tanto, sigo esperando y sigo teniendo fe.

jueves, abril 06, 2006

Mi corazón de madre llora


Decía el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco: "...cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del Mundo" y nada más cierto que eso.
Ayer amanecí, consternada, con la noticia del brutal asesinato de los Hermanos Faddoul. Eran tres jovencitos; tres criaturas inocentes que no despertaron la más mínima misericordia en los ¿seres humanos? que cortaron, de tajo, sus nacientes ilusiones de vida.
Uno de esos niños, de apenas 13 años, tenía una discapacidad.
Dios mío, -me pregunto-, ¿se estarán cumpliendo tus profesías de fin de los tiempos?, porque mi humilde persona no puede comprender un crimen; un acto tan abominable.
Como expresaba la señora Diab, -la madre de los niños-, en días previos al asesinato: ¿es que acaso ellos no tienen madre, padre, hermanos, hijos?
Sinceramente, es difícil pensar en esa gente con indulgencia. Yo, que soy una activista en contra de la pena de la muerte, he tenido sentimientos encontrados desde que supe del desenlace del secuestro de los Hermanitos Faddoul.
He pedido, como es de suponer, perdón al Señor.
Me repito, con insistencia, que no soy nadie para juzgar y que la vida la da y la quita Dios...
Nada más cierto, pero es que cuando pasan cosas como éstas, hasta la gente de fe flaquea, como humana al fin, tratando de hacer justicia de alguna manera aunque, igual, hágase lo que se haga, ni John, ni Kevin ni Jason volverán a sonreirle a su madre, conversar con sus amigos en el colegio o simplemente descansar en sus camas, viendo el programa de televisión de su preferencia.
Por todo cuanto he podido leer acerca de ellos, intuyo la clase de crianza que tuvieron; una crianza guiada por valores familiares intensos que fueron reforzados con amor y entrega.
El amor lo puede todo...siempre he dicho.
Tienen que haber tenido muchas carencias afectivas las personas que mataron a John, Kevin y Jason.
Dios...necesito perdonarlos...pero no puedo.
Necesito entender que fueron seres sin ese amor que tú prodigas a tus hijos y a la Humanidad, pero....no puedo.
Quisiera poder regresar el tiempo y tener la habilidad para cambiar las historias y, así, devolverle, sanos y salvos, esos hijos a su madre....pero no puedo...no puedo....no puedo....
Son muchos sentimientos encontrados.
Mi corazón de madre llora, porque se lo que duele un hijo...
Por eso, Jesús, te pido que le des consuelo a esa madre...a ese padre...a esa familia.
Ellos no podrán regresar ya, pero ojalá el recuerdo de sus dulces e inocentes vidas, sea un elixir para las almas atormentadas de quienes ahora no puedan entender el por qué de esta triste historia.
Dios nos da libre albedrío...no lo culpemos a él; pero, seguramente, él sabrá por qué sucedió esto y con qué finalidad bajo las leyes del Universo.
Paz a las almas de esos preciosos niños y a la de su chofer, quien también fuera secuestrado esa fatídica mañana de febrero y después, ajusticiado junto a ellos.
Mientras tanto, sigo tratando de entender....pero no puedo.

lunes, abril 03, 2006

Las flores de mi primavera


Abril siempre ha sido el mes de la primavera y el que me viera nacer hace ya casi 43 años.
Durante toda mi vida, esperé esos 15 de abril con la ilusión de una chiquilla que sabía que tendría piñata, torta y refrescos, rodeada de mucha gente que la abrazaría y daría sus felicitaciones. Mami desde niña me dijo que había nacido con suerte porque había nacido en abril...y en quincena. Yo siempre me lo creí. A medida que pasaron los años, el natalicio fue adquiriendo otro significado. Mis quince, que fueron inolvidables, pasaron rápido. Después llegaron los veinte...treinta...cuarenta y aquí comencé a hacerme preguntas, a meditar y pensar en lo que había hecho en todo este tiempo.
Ya saben, son las integrrogantes que la gente se hace a sí misma cuando siente que ha llegado a la mitad de algo que no sabe precisar muy bien.
Sin embargo, lo más importante que pudo pasarme en la vida, es haber traido al mundo a mis dos hermosas hijas; de paso...también en abril. Por eso, son las flores de mi primavera; las más radiantes, las más hermosas, las más coloridas, las de destellos más intensos, capaces de derretir mi alma y traspasar mi espíritu.
Mis hijas son el por qué de mi vida. Ahora, cuando van a cumplir 16 y 17 años, me doy cuenta de lo mucho que han crecido y de lo feliz que me siento de saber que son dos adolescentes sanas, nobles, de buenos sentimientos, talentosas y disciplinadas en sus estudios.
Mis hijas, desde mi corazón de madre, lucen perfectas y créanme que si tuviera que morir, moriría por ellas.
Ahora, cuando voy a cumplir mis 43 primaveras...o mis 43 abriles, como me gusta decirlo en los últimos tiempos, lo único que deseo es saber que ellas son felices, que están contentas, llenas de vida; que tienen paz y estabilidad emocional para enfrentar la vida pase lo que pase, porque el mañana les pertenece y se que tendrán muchos abriles más para disfrutar, a plenitud, la obra de Dios.
Feliz Cumpleaños, hijas. Dios las bendiga. Mami.

miércoles, marzo 29, 2006

Segundas oportunidades...


Después de varios días de ausencia, siento de nuevo la inquietud de escribir; esta vez, sobre todos esos casos en los que la vida pareciera habernos arrebatado el derecho a disfrutarla plenamente, cerrándonos todos los caminos. Y digo pareciera, porque, en lo particular, yo sí creo en las segundas oportunidades; ésas que se nos presentan para decirnos que siempre hay una nueva posibilidad de emprender el camino...por vías diferentes si es preciso.
Días atrás leía, con gran estupor, como era desalojado de su vivienda por más de quince años, junto a su mujer e hijos, quien fuera uno de mis compañeros del colegio, allá por la década del ochenta. Sin contemplaciones de ningún tipo, Franco fue expulsado a la calle, sin siquiera tomarse en cuenta la presencia de niños en su entorno familiar. Mi amigo también fue despedido de su trabajo, donde había hecho carrera y con el cual mantenía su pequeña familia.
Como él, miles de venezolanos; muchos de ellos aún improductivos, para quienes pareciera que la vida les hubiera arrancado hasta las ganas de seguir.
Bueno, amigos, yo les digo que no se dejen derrotar por el enemigo. Quien gobierna este mundo, a través de sus secuaces, seguramente estará feliz de verlos caídos, a merced de la autocompasión.
¡Nada de eso!
¡La dignidad no puede arrebatárnosla nadie!
Por eso, sí hay una segunda oportunidad para ustedes. Levántense, anden, -como Lázaro-, y enfréntense a la nueva realidad con la mejor disposición para el triunfo, por encima del mal.
Dios nos dio muchos dones. Si es necesario desaprender para aprender de nuevo, hasta de nosotros mismos, ¡hagámoslo!...¿por qué no?
Nada en la vida es para siempre, así que es mejor no aferrarnos a nada y estar preparados para los cambios cuando estos sucedan.
A veces, la vida, por homeóstasis, nos da el empujoncito que necesitamos para emprender nuevos caminos y redescubrirnos a nosotros mismos.
Por otra parte, también meditaba sobre las segundas oportunidades en el amor.
Existen personas quienes, por desgracia, han perdido de diversas maneras esa persona especial y amada. Bueno, ni siquiera en eso la vida nos promete un camino cubierto de flores. En ocasiones, nos toca lidiar duramente con los sentimientos y encarar situaciones en las que la soledad aparece acompañada de una profunda sensación de desconsuelo.
No obstante, yo vuelvo a decir, ¡alegraos!, porque: ¡hay segundas oportunidades!
El amor y nuestra capacidad de amar no termina en la figura de una persona determinada. Para que el alma sane, debemos mantenerla abierta a la posibilidad de amar nuevamente. El amor es una extraña pero deliciosa sensación de plenitud que puede aparecer en cualquier momento, sólo y siempre que estemos dispuestos a aceptarla en nuestros corazones con gratitud, con esperanza, con alegría, con ilusiones y deseos de convertirla en energía positiva para nuestras vidas.
El amor en sí mismo es una buena razón para dedicar nuestras vidas a cuidar la de otro, en un acto de desprendimiento total.
Amar es tener la capacidad de ser verdaderamente generosos con los demás, pero sin olvidarnos de ser generosos con nosotros mismos, porque no podemos, ni debemos sustraer de nuestras opciones de vida, la oportunidad de amar nuevamente.
¿Cuándo es el tiempo justo para amar de nuevo?
Bueno, aunque no hayan respuestas definitivas, creo que el tiempo justo es cuando el corazón así lo pida; cuando éste lo necesite, cuando hayan sanado las heridas y estemos dispuestos a defender nuestro derecho a ser felices, porque el tiempo de vivir es corto y las horas, pasan rápidamente.
Tiempo de nacer...tiempo de crecer....tiempo de amar...antes que morir por dentro.
Nada ni nadie es tan importante como para que nos robe nuestras segundas oportunidades de amar....
No es que haya garantías de algún tipo, pero no podemos, ni debemos, ni sería justo, negarnos a ser felices.
Otra situación en la que sentimos que la vida pudiera haber terminado, es cuando nos enfermamos y quedamos con alguna de nuestras capacidades disminuidas.
Bueno, igual como una vez le dijera quien fuera la esposa de Christopher Reeves a éste, recién sufrido el accidente de equitación que lo dejera cuadripléjico, "aún eres tú", yo también les digo que, pase lo que pase, lo que somos no es lo que vemos por fuera, sino un conjunto armonioso de facultades, habilidades y fortalezas que son, ante todo, espirituales.
Nadie dijo nunca que la vida fuera fácil, pero lo más hermoso que ésta tiene, es lo muy preparados que nos hizo Dios para entenderla, para asumirla, para darle la cara y luchar por ella.
Si aun nos quitaran las extremididades, siempre nos quedarían nuestras mentes y nuestros corazones latiendo al ritmo de cada nuevo amanecer.
Siempre hay segundas oportunidades.
El tiempo es el ahora. Ayer es tan sólo un recuerdo; mañana no existe y el presente, el hoy, el "en este momento" es lo único palpable que podemos tomar entre las manos para hacer con él lo que decidamos que es lo mejor para nuestras vidas. De cada uno depende no desperdiciar el tiempo...efímero...esquivo...sentencioso.
Usemos nuestras segundas oportunidades...es cuestión de decirnos "sí" a nosotros mismos. Les deseo éxito. Yo creo en ustedes.

domingo, febrero 19, 2006

Mi otro yo

Quizás parezca raro este título, pero tiene que ver con algunas ideas que siempre rondan en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Bueno, quiero decir, de un tiempo para acá.
Muchas veces me pongo a recordar quien era yo cuando era una adolescente e, incluso, una muchacha muy joven, aún no egresada de la universidad o recién salida de ella.
Créanme, definitivamente, era una Lucrecia más feliz.
No quiero parecer dramática al escribir sobre la felicidad como si ahora no la tuviera, sino simplemente referir a etapas de mi vida en las que parecía, a pesar de ser mucho más joven, que sabía como vivir y moverme hacia distintos escenarios cuando uno de ellos se hubiere caido.
Tampoco puedo decir que fuera más inteligente, pero sí menos preocupada por tantas y tantas cosas que ahora parecen quitarme el sueño.
Insisto, a lo mejor es la edad de entonces, porque cuando una es muy joven, siente que la vida es eterna y que nada puede sobrevenir que nos afecte o dañe significativamente.
Cuando una es muy joven, la vida se ve "color de rosa" y todo se vuelve extrañamente nítido aun cuando las brumas nos rodeen.
Así que trato de explicar que la Lucrecia de los 15 o 21 o 23 años, es una "yo" que ya casi no se como era.
Me pregunto: ¿nos parecemos aún en algo?
La verdad, no lo se.
Esa chica en la etapa de las 15 primaveras (y miren que es literal, pues cumplo en abril), era un torbellino irrefrenable que tomaba decisiones y las sostenía, pasara lo que pasara y se opusiera el poder que fuera.
Recuerdo, de hecho, cuando solo un año antes; es decir, a mis tempranos catorce, le comuniqué a mi madre después de pensarlo intensamente, que me iría del colegio donde había estudiado toda mi vida, porque, sencillamente, ya no soportaba compartir el día a día con una compañera que, diciéndose mi amiga, me había intentado sabotear todo lo que era importante para mí, sin remordimiento alguno.
Sabía que ella no se iría porque estaba becada por el colegio, así que tendría que irme yo y así lo hice.
Por supuesto, el asombro y los intentos de manipulación por parte de mi madre y las monjas del colegio no se hcieron esperar pero, -para que vean-, nada hizo que cambiara de opinión.
Gracias a Dios triunfé en mi nueva vida escolar y hoy día, después de 28 años, puedo decir que valió la pena.
Luego, la Lucrecia de los veintiuno, era una estudiante universitaria de séptimo u octavo semestre, altamente competitiva, que no disminuía la marcha por nada del mundo.
Podía amanecer estudiando sin haber dormido ni un segundo de esas largas noches y, sin embargo, amanecer como una fresca lechuga, lista para la batalla.
Mis clases, en ese entonces, empezaban a las siete de la mañana y a esa hora ya estaba en la universidad presentando mis exámenes u oyendo clases sin perturbación alguna.
Pasaba todo el día en el campus y regresaba a eso de las cuatro de la tarde como si nada, con una energía y vitalidad a prueba de todo.
Realmente extraño a esa Lucrecia.
Claro, tenía un grupo estupendo, conformado por quienes han sido mis amigos de siempre y también compañeros de clase. Después de 25 años, seguimos queriéndonos y estando en contacto.
Algunos de ellos, están hoy fuera del país por moivos diversos, pero en mi corazón, siguen aquí mismo, donde se quedaron para no salir ya jamás.
Esa Lucrecia de 21, cumpló luego veintidós y se convirtió en la profesional que evolucionó hasta convertirse en lo que soy hoy.
La que menos me gusta de esas tres que había mencionado, es la egresada de 23 años.
A esa edad había despertado a la realidad y, entonces, me tuve que enfrentar a las primeras preocupaciones auténticas de mi vida: encontrar trabajo y demostrar que podía alcanzar el éxito.
Nada de eso se da así como así, pero hay que perseverar y, sobretodo, ser disciplinado y sistemático para lograrlo.
Lamentablemente, he sido algo desordenada e inconstante. Eso tuvo sus costos y aunque no me haya ido nada mal, se que pudo haberme ido mil veces mejor. Nada, es el precio de la auto crítica que estoy dispuesta a asumir.
El resto, ya es historia, pero aún sigo luchando por alcanzar sueños y mejores condiciones para una vida emocional y económicamente estable, porque el devenir del tiempo no se detiene y los minutos corren como aves fugitivas dejando huellas.
En resumen, si comparo un poco aquella Lucrecia con esta de ahora, puedo darme cuenta que mi otro yo tenía, independientemente de sus afectos, hobbies, intereses diversos y una mente volcada a pensar en cosas más ligeras, pero no por ello menos importantes.
Aquella Lucrecia era más distendida, más rebelde, más decidida, más alegre, más vital.
¿Será que no entiendo que ya no tengo veinte años y debo aceptar que no se siente, actúa ni piensa igual a los cuarenta y dos, casi cuarenta y tres?
Pues, no lo se, pero de lo que sí estoy segura, es que existe una sola Lucrecia inquieta, inconforme y algo consentida que no se detendrá nunca hasta llegar al "Dorado" de su vida, dondequiera que éste se encuentre.

sábado, febrero 18, 2006

La amistad


Ayer fue un día feliz para mí: después de una larga pausa, volvi a reencontrarme con viejas y buena amigas que me regalaron una tarde de alegría y mejores recuerdos.
La amistad tiene un lugar sagrado en mi corazón y creo que Bolívar la consideraba un tesoro. En todo caso, yo me siento afortunada de tener amigos. Puedo contarlos con los dedos de mis manos pero, en general, son personas sencillas, puro corazón, honestas y trabajadoras. Además, son seres humanos entre quienes puedo sentirme yo, sin disfraces, sin poses ni palabras fuera de lugar.
Para mis amigos, lo más importante, es que yo valgo por lo que soy dentro de mí misma y no por lo que el Mundo desea que sea.
Cuando estoy con mis amigos, -de paso-, me siento querida y ésa es una sensación maravillosa que no deseo perder jamás.
Por eso, ayer reí a rienda suelta; conté mis tradicionales "chistes" que sólo arrancan risas genuinas a mis amigos y no justamente por ser buenos, sino porque vienen de mí y por la forma como los cuento y también les dije a Albany y a Irene, que las quiero mucho y que no me gustaría que pasáramos mucho tiempo sin vernos, porque estar juntas me nutre, me insufla aliento, me distiende, me justifica como persona y me hace feliz.
Vamos, es que andar con amigos es estar con aquellos que jamás te harían daño sino que, al contrario, si pudieran, siempre te ayudarían, te apoyarían, reirían contigo, pero también te pondrían su hombro para que depositaras en él la carga de tus tristezas.
Andar entre amigos, es ser joven eternamente y recobrar el brillo de tu ojos que vuelven a ser ojos de niños.
En lo particular, jamás pensé que el corazón pudiera dividirse en tantos trozos iguales; todos ellos llenos del amor que profeso a mis amigos. En ellos, se halla contenido mi afecto, mi sinceridad y lealtad eternas.
Un día, hace muchos años, alguien me dijo que no creia en los amigos y hoy, no puedo sino sentir cierta tristeza por esa persona que se ha perdido de gente especial y le ha cerrado su corazón a la posibilidad de compartir la carga de la vida con aquellos que están cuando el resto se ha ido.
Desde aquí quiero pedirle a Dios que bendiga a mis amigos. Ustedes saben quienes son; no necesito nombrarlos porque esas tonterías quedan para los actos ceremoniales, y entre nosotros no cabe formulismo alguno. Gracias por ser parte de mi vida y por hacerme sentir que siempre que esté con ustedes...podré ser yo y sólo yo. ¡Los amo!

martes, febrero 14, 2006

La historia de Raquel


Se suponía que el día iba a ser especial para Raquel. Por primera vez en muchos años, pasaría un día de San Valentín sabiéndose enamorada del mejor hombre del Mundo y realmente se sentía afortunada, pues, además de estar segura de sus sentimientos, sabía que era correspondida.
Raquel es una gran amiga de toda la vida. Para resguardar su verdadera identidad, he escogido este nombre para ella, pero lo verdaderamente importante, es conocer la historia que encierran sus palabras.
Como les iba diciendo, Raquel se sentía en el Paraíso. Había conocido a Beraldo a través de su trabajo en una sucursal fuera de la ciudad.
Sin embargo, no fue sino años después cuando la chispa del amor surgió entre ellos...o bueno, eso es lo que ella pensaba.
Por esas circunstancias del destino, Beraldo fue transferido a una sucursal extranjera y estando él allá se consolidó la idea de hacer una vida juntos al regreso de éste.
Todo parecía ir bien aunque Raquel siempre me decía que notaba a Beraldo extraño; como si todo fuera más importante que ella.
Sentía, según me narraba, que evadía charlar con ella; que nunca intentó llamarla y que su entusiasmo no terminaba de convencerla.
Esperó el día señalado para conversar sobre muchas cosas, llegando a tocar el tema que le incomodaba: su actitud de tanto tiempo.
Casi mintiendo para obtener verdades, Raquel logró que Beraldo le confesara que no estaba dispuesto a abandonar su mundo para ir en pos de la felicidad con ella, una vez regresara a Venezuela.
"Nos separan muchas cosas", le había dicho.
Me cuenta mi amiga que el terminar la charla, tomó desesperada el teléfono para narrarme lo que igualmente acabo de contar aquí...con el permiso de ella.
Me preguntó, al principio, qué creía yo de todo esto y le respondí con el corazón en la mano lo que creo que explica la situación. El asunto focal de todo esto es el amor.
Casualmente en el momento de escribir estas notas, me acababa de llamar mi amiga Noris para charlar un rato y en medio de su conversación, sin yo pedírselo y sin saber nada de Raquel, me contó que cuando su hija se había ido a vivir al extranjero, ella pudo haberse matriculado en la universidad para estudiar la carrera que más le había gustado en la vida, aunque le tomase diez años hacerlo; no obstante, ante esa oportunidad siempre anhelada y popuesta y la posibilidad de ir a ver a su hija dos veces en cada año, sencillamente no había tenido duda alguna: ella escogió poder estar con su hija y había sido así porque el amor por su hija estaba por encima de todo.
En ese momento, supe la respuesta para Raquel: Beraldo, efectivamente, no la amaba, porque quien mucho ama; quien ama de verdad, apasionada e intensamente, no piensa mucho; no tiene dudas, no le importa empezar de cero.
Beraldo estaba, además, atado a su mundo, a sus cosas, a sus proyectos, a su vida; escenario en la cual no cabía Raquel.
De inmediato, llamé a mi am amiga y se lo dije; nada, se echó a llorar y me dijo una frase que se ha quedado grabada en mi mente:
"Nada, Lucre, sencillamente fracasé como mujer...sencillamente, no pude".
Raquel se refería a que sentía que no había sido capaz de conquistar el corazón de Beraldo, por más que puso su alma en ello.
A diferencia de los libros de desarrollo personal y autoestima, no pienso referirme a este capítulo en la vida de mi amiga, como una oportunidad de crecer y continuar como si nada. No; seria muy hipócrita de mi parte y me sentiría ridícula haciéndolo. ¡C laro que había pasado algo y muy delicado!
Para empezar, siento que, en parte, Raquel tiene razón: no pudo y sí; fracasó en su intento por estar con Beraldo.
A veces, la vida de ciertas mujeres, es una historia de desencuentros con el amor, pero lo que más dolor da y resulta incomprensible en esta historia, es haberla dejado llegar hasta donde llegó.
Beraldo no estaba obligado a unirse a Raquel, pero tampoco estaba en el derecho de mentirle u ocultarle la verdad que, al fin y al cabo, es lo mismo.
Permitió este chico que Raquel tejiese sueños, explorara nuevas ilusiones y sintiera que el Mundo le pertenecía cuando en realidad no tenía absolutamente nada en sus manos.
Amar no es obligado...
Y, sinceramente, tampoco soy de las que se conformaría con un amor tibio, de esos que no calientan.
Para mí, el amor tiene que ser como un torbellino que te arrase y te lleve con su furia, pase lo que pase.
El amor tiene que darlo todo por el sujeto amado; debe estar dispuesto a dar la vida y quemarse en la llama del fuego eterno.
Amar va más allá que sacar cuentas; el amor no piensa; actúa.
Así que Raquel...Beraldo no te amaba...no te ama y no creo que llegue a amarte.
No sabes cuánto me duele lo mucho que sufres, porque el dolor de un amor fallido sólo lo entienden los corazones que han sufrido lo que el tuyo sufre ahora, pero soy tu amiga; yo sí te quiero y no puedo mentirte.
Quisiera poder consolarte como se consuela a un pequeño niño, pero quizás te haría más daño con eso. Tienes que asumirlo y aprender a vivir con eso.
Para desgracia de los que más sufren, la vida sigue...inexorablemente.
"Tus ojos se cerraron y el mundo sigue andando..." ; nada más cierto que lo que dice esta canción de Gardel.
Mientras tu corazón sangra, amiga, el suyo (el de B eraldo), se irá serenando firmemenente.
Le será fácil salir adelante, porque para él, un problema fue resuelto. Para tí: un calvario apenas comienza.
Pero bueno, aquí estoy contigo, con el firme propósito de ayudar a mantenerte en pie, porque es lo que tú harías conmigo y porque es lo que nace de mi profundo cariño por tí.
Quizás en algún tiempo puedas sentir que fue un mal sueño y seguir, continuar el camino pues el corazón no deja de latir.
Mientras tanto, yo me quedo con Sabina, porque así es como yo concibo el amor:
"...morirme contigo si te matas, matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."

domingo, febrero 12, 2006

Don Jesús María Morales Leal...un servidor


Un día como hoy, 12 de febrero de 2006, habría cumplido 110 años mi abuelo, don Jesús María Morales Leal.
Quienes me conocen, saben lo mucho que lo amé y lo sigo amando, más allá de los límites que impone la muerte.
Abuelo, -papabuelito para todos sus nietos-, era un hombre muy especial.
Campesino desde muy joven, se casó con mi abuela, Rosalía García Fernández, un 19 de marzo de 1919. Mi abuela siempre decía que lo había enamorado estando vestida con un traje muy bonito que llevaba un lazo azul.
Abuelo nunca aprendió a leer ni a escribir; era , pues, analfabeta, sin embargo, se caracterizópor ser poseedor de una sabiduría increible. Me cuenta mami, por cierto, que nadie le ganaba en matemáticas; por algo triunfó en los negocios y fue un dueño de hatos y tierras exitoso.
Siempre nos hablaba y daba consejos y, de hecho, quedó como un legado familiar, tres reomendaciones que guardo en mi mente y pongo en práctica cada día de mi vida:
- La primera: "No dejes camino por vereda". En efecto, para él esto significaba que jamás debíamos tomar el camino más corto sólo por llegar más temprano o llegar primero.
- La segunda (lo digo textualmente en su lenguaje poco instruido, del que no me averguenzo): "No partas de arrompío"...vamos, lo que quería decir abuelo, era que jamás debíamos precipitarnos en nada; nunca tomar decisiones impulsivas y mucho menos aquellas de las que dependiera nuestro bienestar.
- Por último: "No te metas en lo que cuentas no te deje". Con esto, abuelo nos advertía que no nos involucráramos en los asuntos ajenos ni en la vida de los demás. Cada quien debía ocuparse de lo suyo y así evitar inconvenientes.
Aunque abuelo no sabía escribir ni leer, siempre quiso lo mejor para sus hijos. Por allá por los años cuarenta, les construyó una casa en la ciudad, donde irían a vivir para que todos pudiera estudiar y tener una mejor vida, quizás como él la hubiera querido para sí mismo. No es que a él le hubiera ido mal; pero tuvo que trabajar mucho, árdua y duramente para que esos sueños pudieran hacerse realidad.
De esa manera, levantó la Quinta "Rosalía" en una buena zona de la ciudad y allí se fueron yendo sus hijos a buscar y sembrar una nueva vida que germinó, porteriormente, en una segunda y tercera generaciones de profesionales universitarios; todos exitosos en sus carreras y destacados en la Sociedad donde les ha tocado vivir.
Digo estas cosas, no con poco rubor, pues no me gusta la autoalabanza, pero en realidad, lo hago porque a quien trato de alabar es a mi abuelo, por su visión de futuro y por ese amor que sembró en nosotros a quienes nos inculcó la neecesidad de progresar, de avanzar, de alcanzar...
Abuelo también era muy ocurrente. En las conversaciones que sostuve con él, me hacía reir como ninguno por las cosas que decía.
Un día de esos, hablando del tema de la Luna, de pronto, me comenta:
-"Carajo, mija...por ahí dicen que y que el hombre llegó a la Luna....pero cuando dijeron que en la Luna no había agua...¡ahí les agarré la primera mentira, porque cuando yo sembraba en cuarto menguante, era cuando más llovía...", jajaja...¿se imaginan?
Yo me lleno de ternura y de felicidad de solo recordar ese momento y ¿po qué no?, también de lágrimas que en este momento caen por mis mejillas, pues es dulce aún percibir la ingenuidad de mi abuelo, que si bien denotaba su falta de estudios, para mi significa la posibilidad de rememorar su picardía, su humor, su inocencia de hombre de campo.
En otra ocasión, me rebatía que la Tierra no se movía, porque él había sembrado en su hato muchas matas que todavía estaban en el mismo lugar.
También solía preguntarme por "...esos bombillos que mientan estrellas..." y, entonces, continuaba: "...¿quién los cambiará cuando se queman ?..."
Abuelo..papabuelo, solía presentarse a sí mismo, cuando conocía a alguien, así: "Mucho gusto, Jesús María Morales Leal, un servidor"...y cada vez que lo decía, yo me derretía de amor...
A abuelo le gustaba jugar lotería. Todos los días iba el Señor Dionisio (que en paz descanse) a la casa, cuando ya se había venido a vivir a la ciudad con nosotros, y le compraba "billeticos"...pero...¡ah! no sin antes formarle una pelea al pobre billetero, por los malos datos que le había dado el día anterior.
Guardaba su dinero en una "mochilita" y como tenía bastantes problemas de visión (jamás para el dinero, jajaja), estaba pendiente de "meterle el ojo" a ver si le faltaba algo.
Le encantaba picar a mi abuela con quien contrapunteaba en el cuatro. Abuela se ponía bravísima y le decía: "¡echale sal!". Con esto, pretendía decirle que no le hacían gracia sus chistes, pero abuelo ni se inmutaba y, por el contrario, se reía con una media sonrisa picarona que aún puedo ver perfectamente en mi memoria.
Cuando nacieron mis hijas, abuelo ya estaba en la última etapa de su vida, pero eso sí: siempre caminó derechito, con ese andar erguido, pausado y elegante que lo caracterizó.
Quiso mucho a las niñas. Se inquietaba cuando pasaban días sin verlas y, entonces, le decía a mi madrina: "Muchacha, andá a ver por qué no han venío las muchachitas..."
Siempre cargaba unos caramelitos en el bolsillo de su camisa, de esos que llaman: "Salvavidas" y tenía ya acostumbradas las niñas a dárselos cada vez que las veía.
Lo más hermoso de todo es que, a estas alturas, mis hijas aún se acuerdan de ese detalle de su bisabuelo.
Es más, lo recuerdan con mucho amor y suelen hablar de él, como "papabuelito".
En fín; podría llenar aquí miles de páginas hablando del hombre que más quise en este mundo. Un hombre de quien vengo y de quien heredé su apellido, el cual llevo con el mismo orgullo que siento de saber que fui la nieta de un hombre increible, excepcional, maravilloso y único.
Papabuelo cerró sus ojos a los 99 años, una mañana del 25 de mayo de 1995 y desde ese día, no ha habido un solo amanecer que no lo recuerde y mencione.
Feliz cumpleaños, abuelo. Te amo y amaré...siempre.
Tu nieta que te adora...Lucrecia-

Despertares


Cada vez que veo esa maravillosa película protagonizada por Robert de Niro (uno de mis actores favoritos de todos los tiempos) y Robin Williams, no puedo evitar que mi corazón lata con rapidez y las lágrimas afloren espontáneamente.
Despertares es una de las películas más bellas que han sido filmadas. En mi perfil está señalado que mi largometraje favorito es "somewhere in time", pero creo que perfectamente podría agregar éste del que les hablo ahora.
Despertares representa para mí mucho más de lo que pude ver en el film. Metafóricamente hablando, me hace pensar en todos esos períodos de la vida en los que hemos estado un poco o absolutamente ausentes del verdadero sentido de la existencia.
Me hace pensar en aquellos que se quedan como inertes; muchas veces en el pasado y no se permiten a sí mismos avanzar positivamente hacia nuevas etapas que seguramente les esperarán con nuevas satisfacciones, nuevas emociones, ilusiones y sorpresas.
Son personas quienes, entre otras cosas, llegan a castigarse a si mismas por faltas que creen haber cometido; se imponen penitencias abrumadoras o guardan rencores eternos, engavetan viejas rencillas y esperan sigilosos el "dulce" momento de una venganza que, quizás, nunca llegue. Con esto, manchan su corazón de odio y, aunque nunca hagan nada, lo inhabilitan para volver a amar, para darse nuevas oportunidades y hasta perdonarse a sí mismos, dañándose a ellos y sólo a ellos, con una actitud que los carcome por dentro y los va consumiendo poco a poco.
También se da el caso de aquellos quienes, sencillamente, se olvidaron de vivir; se conformaron con respirar el mismo aire cada mañana y observar la puesta de sol desde el mismo balcón. Para ellos, el tiempo también se detuvo como está detenido para quienes renuncian al amor y la posibilidad de ser felices.
Afortunadamente, algunos reaccionan en algún momento; se dan cuenta que la vida es hermosa y vale la pena retomar las ilusiones perdidas.
Gracias a Dios, para algunos llega el día de los despertares; de esas ocasiones en las cuales vuelven a abrir sus brazos a la vida, a mirar de frente el sol de cada mañana y respirar el aire puro de la madrugada sintiendo que aún es tiempo, que vale la pena, que no importa cuanto hayan perdido, siempre es oportuno el momento para recomenzar, para levar ancla, para brillar en medio de la noche, para soñar...
Esos despertares, se convierten en rayos de luz que alumbran los corazones más oscurecidos, debilatados por los años en suspenso los cuales, poco a poco, se abren de nuevo a la alegría, a la lucha, al optimismo y al convencimiento de que todo lo podemos lograr si realmente lo queremos, porque, sencillamente y como le digo a mis queridos y queridas estudiantes: el límite, es el Cielo...

miércoles, febrero 08, 2006

Mis respetos al pueblo wayúu


Mientras revisaba uno de los trabajos a ser incluidos en el libro homenaje a la institución académica para la cual trabajo y referido a la Matanza de Bahía Portete, -Colombia-, que hace, a la vez, alusión a la incursión en dicha localidad de grupos paramilitares el 18 de abril de 2004 que ultrajaron, torturaron y mataron indígenas wayúu allí asentados, trayendo como consecuencia el desplazamiento de más de cien familias de distintas castas residentes, no pude menos que sentir rabia y, a la vez, dolor, por la realidad que viven nuestros hermanos colombianos en general; realidad a la cual ahora se suman las comunidades indígenas.
Aunque, gracias a Dios, no he sufrido de eso que llaman el destierro del terruño, puedo imaginar lo que significa verse alguien forzado a dejar atrás su tierra, sus pertenencias, sus recuerdos...sus afectos.
Debe ser algo así como si el alma se desgarrara y el corazón se hiciera añicos para no dejar ya de sangrar jamás.
Sí, porque intuyo debe ser una herida abierta para siempre, no poder volver a pisar los lugares por donde construimos nuestras historias de vida.
Y, justamente, esa sensación de pérdida que nunca he sufrido, se ha acrecentado al comenzar a conocer un poquito más, la cultura del pueblo guajiro; un solo pueblo dividido artificialmente por la frontera que los separa en wayúu colombianos y venezolanos.
Sinceramente, siento mucha verguenza: habiendo nacido en una zona fronteriza muy cercana a esa Guajira de Gallegos plasmada magistralmente en su obra: "Sobre la misma Tierra", me veo en la necesidad de reconocer que no sabía cuán hermosa es su esencia como pueblo.
Los wayúu son soñadores...tienen una visión del mundo muy diferente a la nuestra, por la cual entienden mejor la muerte y le dan más sentido a la existencia.
Saben respetar a los ancianos y veneran la herencia matriarcal según la cual las mujeres transmiten sus valores, mantienen las tradiciones y llevan el hogar.
Las niñas son preparadas para la vida y aunque pueda entrar en conflicto con sus ideas sobre la unión entre un hombre y una mujer caracterizada por una tendencia poligámica, sencillamente las respeto, porque son su legado ancestral y para ellos es lo correcto.
¿Quién soy yo para asumir posturas y criticar la forma de ser de otros pueblos?
Además, los wayúu son valientes y, muy por el contrario de lo que muchos piensen en mi región y en Venezuela, son gente pacífica.
Creen en la trascendencia de la vida después de la muerte e igualmente honran a quienes se van a otra dimensión en la que se reencontrarán con sus seres amados.
Promueven el linaje y son fieles a sus raíces, a su tierra, a sus tradiciones... a su esencia.
Díganme ustedes: ¿puede haber mayor mérito que el de haber soportado la propaganda alijuna por tanto tiempo, preservando quienes son, a pesar de ello?
De igual forma y, sinceramente, me conmovió la dignidad y entereza del pueblo guajiro (guajiro para los venezolanos, wayúu en el corazón de cada uno de ellos).
Por eso, en este momento elevo una oración a Dios en esta noche callada y sin estrellas, para que los proteja, además de nunca volver a ser expulsados de su mma (tierra) para que así puedan seguir soñando en ella.

domingo, febrero 05, 2006

No gracias; yo no juego


Ayer sábado 04 de febrero, nos pusimos de acuerdo entre varios amigos para ir a pasar una noche diferente en un reconocido y atractivo lugar de juegos (bingo y máquinas traganíqueles), recien abierto en la ciudad.
Está ubicado en una zona privilegiada y el espectáculo que brinda ya desde fuera, es un coro de luces multicolores que deslumbran a cualquiera.
Paradójicamente, habiéndome tocado conducir un referéndum que consultaría la opinión pública maracaibera sobre su parecer acerca de la instalación de este tipo de establecimientos, jamás había visitado un lugar así, excepto cuando, de joven, estuve en uno de ellos en Aruba, más por curiosidad que por otra cosa.
Lo cierto es que ni mis amigos ni yo, jugamos. En lo particular, no juego ni lotería. Simplemente, no me gusta y jamás me he sentido atraida por el azar. Quizás se deba a que en mi casa me enseñaron que el dinero se gana trabajando y no apostando. A lo mejor, es que no soy rica y no puedo darme el lujo de botarlo, pero igual, jamás nadie ha logrado hacerme adicta ni a las cartas (barajas), ni al bingo, ni a las maquinitas, ni a la lotería, ni a nada de nada. No gracias; yo no juego.
Por eso, estando allí y disfrutando únicamente de la sana charla entre amigos, amén de la buena comida y bebida que venden a unos precios increibles, me di cuenta que no por el hecho de existir lugares así, el vicio y el caos harán sucumbir a muchos.
No niego que para personas con problemas adictivos que, en realidad, son trastornos psicosomáticos, las salas de juego representan un caramelito difícil de rechazar pero creo que en una Sociedad, es imposible convertirnos en guardianes de todo y de todos, porque los problemas y las necesidades son muy diversas.
Lo que sí deberíamos hacer es invertir más en educación en valores, para que nuestros niños de ahora sean adultos concientes de la importancia del esfuerzo diario para alcanzar las metas y, en salud, para ayudar a controlar a aquellos que sufren de diversos tipos de patologías relacionadas con el juego, con las cuales pueden destruirse a sí mismos y a su entorno familiar. Esto hablando del tema que en específico he escogido para el día de hoy.
Ahora, déjenme seguir: como les decía, estando ahí y disfrutando del buen ambiente (algo cargado de humo, lo cual no me gustó para nada porque no fumo), de la conversación, de la música chévere y de la compañía de los amigos, me acordé de algo que siempre me ha dicho mi Viejita Tati: "el que juega por necesidad, pierde por obligación" (aunque ella no le haga mucho caso a eso, porque juega lotería todos los días, jajaja), y me di cuenta que ése, no es un lugar para gente necesitada; al menos, no es el prototipo de lo que allí ví.
Sin embargo, no niego tampoco que alguno que otro sí vaya para buscar tentar la suerte y ganarse unos realitos (me encantan las palabras criollas) para pagar algunas cuentas pendientes.
En lo que a mí concierne, si todavía me provocara un día salir a jugar en una de esas máquinas "sólo para ver qué pasa", estoy segura que no tendría ninguna relevancia en mi vida, porque lo mío, sin lugar a dudas, es trabajar.

domingo, enero 29, 2006

La magia de una guitarra


Mi noche del sábado fue, sencillamente, una noche deliciosa. Nos reunimos en casa de unos amigos que son maravillosos anfitriones y, además, tienen un hogar acogedor preñado de música. Sí, porque no existe otro adjetivo que pueda usar en este momento.
Para más alegría, tuve la suerte de conocer a quien, sinceramente, no es sólo un virtuoso , sino, sin lugar a dudas, ¡un mago de la guitarra!
¡Dios mío....cuanto talento!
¡Cuanta maestría!
¡Cuanto sentimiento!
La idea que teníamos todos era la de escuchar a Gerardo ( mi respeto, maestro) quien, junto a mi amigo Raúl (otro virtuoso de la guitarra), harían un dúo de antología. Por supuesto que en el acompañamiento cantaríamos y nos atreveríamos a poner la percusión...
Sin embargo, Gerardo nos pidió que, al principio, escucháramos sólo la guitarra.
¡Cuanta razón tenía! porque aquella guitarra, no necesitaba más acompañamiento...
Aquella guitarra era un instrumento sublime que emanaba notas perfectas en medio de una noche perfecta.
Nos encendía el corazón y elevaba hasta el infinito. En ocasiones, parecía que sólo existía el sonido de aquella guitarra en el mundo...
Gerardo tiene que ser un enviado de Dios, porque sólo Dios puede despertar tantas emociones sublimes.
Nos paseamos por un repertorio increiblemente bello: baladas, tangos, música carioca, española, latinoamericana y...por supuesto, venezolana, para coronar con la música que nos toca cada fibra de nuestra esencia como personas: la música zuliana.
Cuando Gerardo nos dió permiso para, finalmente, acompañarlo, incorporamos, con bastante timidez, por cierto, un pequeño tambor que había en la casa; unas maracas de todos los tipos y nuestras voces que, sin ser profesionales, estaban animadas por aquel ambiente embriagador que se había apoderado de todos nuestros sentidos.
Sinceramente, Dios existe y está en cada momento único e irrepetible que toca nuestras vidas para regalarnos una brizna de felicidad.

miércoles, enero 25, 2006

Todos merecemos un buen servicio


Después de varios días buscando un celular que pudiera satisfacer mis demandas como consumidora, encontré el modelo que llenó mis expectativas (tal vez porque había encontrado poca variedad en el mercado y había poco de donde escoger) y me lancé al agua de nuevo.
Sin embargo, en el transcurso de mi búsqueda, más de una vez me tuve que enfrentar a empleadas o empleados de esas tiendas que no tenían ni la mínima idea de lo que es el servicio al cleinte.
Para empezar, desde el mismo momento cuando me aproximaba a la barra o vitrina de atención, me miraban como si un bicho y no una persona, -potencial compradora- estuviese haciendo acto de presencia.
Sinceramente, desde ese momento, ya me sentía inhibida.
Luego, con una voz displicente, me preguntaban: ¿dígame, señora?
¡Por Dios!
¿Es que acaso nadie les enseñó en su casa a dar las horas y decir, en vez de eso: "buenas tardes, ¿en qué podemos ayudarla?
Bueno, para que pensar mucho: es obvio que no.
Para colmo, el terror seguía invadiéndome cuando mirando la exhibición me daba cuenta que, o sólo había uno o dos modelos que no me gustaban o no había ninguno en absoluto.
¡Wow!; ¡viva el mercado celular!
Luego, después de hacerle la pregunta cuya respuesta ya conocía (es decir: "señorita, ¿son ésos todos los modelos que tienen?"), de nuevo la cara grotesca y la terrible:
- Sí....lo que ve allí.
Descorazonada y con un sentimiento de impotencia enorme (que raro en mí, últimamente), repreguntaba:
- ¿No sabe cuándo le llegarán más?
Y, de nuevo....¡zas!
- No señora...eso es lo que tenemos.
Casi halándome el cabello, intentaba hacer otras preguntas, pero ya era muy tarde, porque para entonces, la empleada o empleado se habían dado la vuelta y ahí estaba yo: sola, como si fuera una niña perdida...
Así, armándome de valor (para no gritarle al que fuera y destrozar media tienda, jajaja), me daba media vuelta también y salía en huída hacia el próximo agente autorizado donde habría de recibir el mismo trato.
Sin querer entrar en muchos detalles, simplemente quería llamar la atención sobre lo que les decía al principio: el servicio.
Lamentablente, no mucha gente en Venezuela entiende lo que eso significa.
Después de haber estudiado dos postgrados en gerencia y de las aleccionadoras clases de mi profesora Cándida Luna, reconozco que soy muy exigente al respecto.
Esta vez, no obstante, estuve bastante pasiva; quizás porque me han pasado muchas cosas recientemente y estoy un poco cansada, además de algo deprimida, pero creánme que no pasará mucho tiempo para que reaccione y vuelva a ser la Lucrecia de siempre: algo fastidiosa exigiendo calidad y buena atención cuando vaya de compras.
Cuando sea así, les juro que no me conformaré ni quedaré callada y exigiré, como siempre, el debido respeto como clienta porque ¡yo me lo merezco! y, si no: ellos se lo pierden.

martes, enero 24, 2006

Sigo siendo la misma


Espero que me perdonen todos aquellos que lleguen a leer lo que en este momento escribo, si suena un poco personal y, tal vez, dirigido a alguien en específico, pero es que necesito hacerlo así.
Para empezar, debo decir que cuando empecé a publicar el blog sabía que mis palabras podrían llegar a mucha gente pero, con seguridad, a un ser humano que ha sido sencillamente especial para mí.
Cuando se dice que alguien es especial, entiendo se refiere a una persona que ocupa un lugar privilegiado en nuestras vidas; bueno, entonces, le estoy escribiendo a alguien especial quien, efectivamente leyó el blog y en este instante tiene sentimientos contradictorios respecto a algunas cosas que parecieran definir quien soy.
Ahora, quiero que sepas que soy la misma que conociste hace ya tantos años y por eso debes saber que por más que he atravesado nubarrones, tormentas, pantanos y desiertos, jamás he permitido que mi esencia me abandone, porque eso sería renunciar a lo único verdaderamente auténtico en mi vida: mi capacidad de sentir. Te consta que es así.
¿Crees que la tecnología se impone a mi sensibilidad?
Pues, entonces, necesito preguntarte: ¿acaso dejaste de conocerme?
¿No ha sido, justamente, la tecnología la que permitió que cruzáramos miradas en esta dimensión desconocida para algunos, de lo virtual?
¿No ha ido la tecnología la que ha hecho posible comunicarnos a tantos niveles y de tantas maneras?
¿No debo, acaso, sólo por ello, darle gracias eternamente al desarrollo tecnológico de estos tiempos?
Sin embargo, -insisto- ello no ha desvirtuado para nada ésa que tú sueles llamar "la Lucrecia esencial".
Esa Lucrecia llena de matices que tanto conoces, capaz de afrontarlo todo y, a pesar de ello, de darse el permiso de flaquear y sucumbir cuando siente que ha llegado al foso, no puede nadie evitar que siga en mí, porque sin ella, simplemente moriría.
Perdona que te hable desde aquí y no desde donde lo hago siempre pero necesitaba decirte estas cosas sabiendo que estás muy lejos y te has sentido triste.
Tu tristeza es mi tristeza como igual hemos compartido tantas alegrías.
Has sido mi apoyo y mi fortaleza cuando creí que el mundo entero se había ido...
Sigo siendo la misma y tú sabes que es así, porque sabes quien fui, quien soy ahora y quien seré para siempre.
Let it be...let it be, let it be, let it be.....

lunes, enero 23, 2006

La sensación de libertad


Por lo general, solía afirmar con vehemencia que era una persona libre e independiente, pues no sólo tenía (y aún tengo) un espíritu inquieto, sino que me molestaba que trataran de coartarme esa libertad; sin embargo, vivir los tiempos que estamos viviendo, no es cosa fácil.

En un poco más de tres meses, he sido dos veces soprendida por la acción del hampa. La primera de ellas, por asesinos profesionales y sin escrúpulos, de manera tal que si salí viva de esa situación, sólo puedo achacárselo a las manos de Dios; la segunda de estas ocasiones, hube de entregar, nuevamente, mi celular, a un ratero común que esperaba, sigiloso, que sus víctimas pasaran descuidadas frente a él, para cometer sus fechorías.
Por supuesto que pude hacer algo para impedirlo: pude forcejear, pude intentar despojarlo de su arma, pude hacer muchas cosas, pero opté por la que me parece la más lógica: no exponer mi vida sin necesidad.

Es que no podemos saber como reaccionará la mente distorsionada de un delincuente y yo tengo dos hijas que quiero terminar de ver hacer sus vidas.
De todas formas, lo que trato de decir, es que esa libertad de la que tanto me ufanaba, es un mero recuerdo de otros tiempos cuando no había tanta inseguridad en las calles y una podía ir por ahí, tranquila, sin pensar que algún pillo sin escrúpulos pudiera amenazarte tu vida y tus bienes.
¡Qué triste! ¿verdad?.

Para colmo, está el problema de la impunidad que es cada día más grande y, en mi opinión, a esa impunidad contribuimos cuando no denunciamos; cuando no actuamos proactivamente para detener el crimen.

Gracias a Dios, pude ayudar a la policía a capturar al ratero que me robó el celular esta última vez.

Créanme, estaba tan enojada con él y conmigo misma (sí, para que vean), que me había prometido que algo iba a hacer y Dios me presentó la posibilidad de verlo cometer la misma fechoría a alguien que iba detrás de mí, apenas dos días después. Ese día, sinceramente, me sentí menos impotente y cierta satisfacción de apoderó de mí. Al menos, lo estaba haciendo pasar un mal momento y esa cuadra o esquina, se libraría de una alimaña como él.

No se cuánto tiempo quede preso, pero cumplí con mi deber ciudadano y éso es suficiente para mí.

Igual, ya no me siento libre y de nada me sirve ser independiente si no puedo disfrutarlo en condiciones de seguridad

Recuerdos de mi cuadra


Hoy pasé por casa de mis viejas, y me detuve a ver el movimiento de la cuadra donde crecí. Estaban unas niñas muy lindas caminando y conversando entre ellas...también estaban unos jóvenes jugando baloncesto en plena calle. Otras niñas más pequeñas jugaban frente a sus casas y algunos vecinos charlaban entre sí.
De pronto, me di cuenta que todos ellos eran iguales a mí; vivían allí o estaban creciendo allí, así que debíamos parecernos un poco.
No se si la cuadra de ahora sea la misma de antes, pero sentí que de alguna manera todas aquellas personas y yo estábamos interconectados.
Es bonito recordar de donde venimos para nunca perder las perspectivas. Casualmente, hoy también recordé viejas series de televisión infantiles que veía cuando era una chiquita.
Casi con lágrimas en los ojos, imaginé aquellos años cuando era tan feliz y despreocupada.
Ojalá Dios me permita ser siempre un poco niña.
Les dejo una foto de una de mis series favoritas: "Monstruos del Espacio"..¿se acuerdan?
¡Yo sí!

¿Estamos preparados para morir?; in memorian para tí A.E.


Reunida esta tarde del domingo 23 de enero entre buenos amigos, se planteó el tema de la muerte y
conversando sobre los puntos de vista de cada uno acerca de ella, nos dimos cuenta que no estamos preparados para morir y no lo estamos porque morir no es fácil si no entendemos que la muerte es parte inseparable de la vida. Y, claro, debo confesar que entre esos que no están listos, me encuentro yo.
Sin embargo, traigo a colación tal conversación, porque me llamó la atención la valerosa actitud de quien fuera la esposa de un gran amigo de siempre, recientemente fallecida.
A.E., -permítanme llamarla por las iniciales de su nombre-, supo desde antes de nacer su segundo hijo, que padecía cáncer; aun así, fue la primera en querer tener otro hijo que le hiciera compañía a su primera hija.
Incluso, al nacer su pequeño, decidió amamantarlo durante todo un año, a sabiendas que debía haberse operado y puesto en tratamiento desde hacía mucho tiempo.
No obstante, A.E. optó por el camino del amor; sí, porque sólo puede denominarse así a su comportamiento.
Y escogió amar a su familia, incluso por encima de su propia salud.
Bien dice la Biblia que el que da la vida por los demás, tiene el Cielo ganado.
Pero, siguiendo con este pequeño homenaje que deseo hacerle a su memoria, durante los diez años que batalló contra su enfermedad, nunca perdió la sonrisa, ni ese optimismo contagioso y admirable que cuentan sus amigos más cercanos tuvo hasta el final.
Cuando tuvo su primera metástasis, supe que uno de sus médicos pensaba que era el fin; sin embargo, había que conocerla para saber que ella sólo se moriría cuando Dios quisiera y no cuando la ciencia pareciera haber sentenciado.
También, durante ese tiempo, se dedicó a brindarle lo mejor de sí a los suyos y a enseñarles; a prepararles para el día que ya no estuviera entre ellos.
A.E. era psicóloga y sabía de esas cosas. Aun así...no debió ser fácil, pero lo hizo porque, de nuevo, escogió el camino del amor.
Le gustaba la música y cantaba muy bien. En el colegio de sus hijos, era sobrecogedor, por admirable, oirla cantar: "gracias a la vida que me ha dado tanto..."
Eso me lo ha dicho gente que pudo verlo....por eso lo se.
Ahora, cuando ya se ha ido, puedo decir que su ausencia es sólo física, porque sigue y seguirá presente entre quienes la conocieron y recibieron el legado de su lucha, de su optimismo y de su amor.
Quizás ella tampoco estaba preparada para morir, pero aprendió el verdadero valor de la vida, aun sabiendo que su muerte era segura: disfrutar cada minuto, celebrar los momentos que Dios le regalaba junto a sus seres más queridos y dejarles el ejemplo de esa fortaleza, valentía y ganas de vivir, por encima de sus ratos de flaqueza, que seguramente tuvo, por humana al fín.
Desde aquí, te rindo tributo y quiero que sepas que hiciste una gran labor: tus hijos son maravillosos y están sobrellevando con madurez y entereza, tu partida, con el apoyo de su padre, ese excelente hombre que tanto te amó.
Ojalá quienes te conocimos, e, incluso, los que no tuvieron ese honor, podamos aprender algo de tí; especialmente a vivir con valentía y una sonrisa en los labios, teniendo la misma certeza que tú tuviste: porque que no se nos olvide que, algún día, igual todos vamos a morir.

sábado, enero 21, 2006

En la quietud de la noche


Hoy es viernes y decidí­ quedarme en casa porque no estoy de ánimos para salir. A veces una quiere disfrutar la maravillosa experiencia de disponer de la casa sólo para una.
Mientras, he estado pegada a la computadora trabajando en la terminación de un libro (la corrección de los aportes, entre otras cosas) y charlando eventualmente, con aquellos que se asoman a la ventana de mi messenger.
Sin querer, me doy cuenta que esto de la tecnologí­a es casi como un milagro.
En 1985, año cuando me gradué, tuve que pasar todo el mes de agosto redactando mi tesis de grado a mano...sí­, como se lee.
Luego, la encomendé a una señora que se dedicaba a transcribir escritos, con una máquina eléctrica que, para la época, era una bendición.
La cuestión es que la señora lograba tipear 100 pá¡ginas al dí­a...
Por fortuna terminó a tiempo y ese octubre de 1985 me comvertí­ en una nueva profesional del paí­s.
Pero, volviendo al asunto de la tecnologí­a, lo traí­a a colación porque ella nos ha cambiado la vida a más de uno.
Por no decir más, esto de poder trabajar con la comodidad de una computadora, accediendo a la red a través de una conexión de alta velocidad, en un lugar apacible, adecuado, agradable...¡por favor! creo que es lo mejor que pudo pasarme.
Disfruto mucho trabajar pero más a sabiendas que existen tantas innovaciones tecnológicas que nos apoyan al respecto.
Siendo una académica, me muero por esas ayudas: ya dije, la computadora, el pen drive, la internet y como simple persona, la televisión por cable, el celular, el microondas, el MP3, entre tantas otras facilidades de la vida de hoy.
Confieso que soy una romántica sensiblera a veces, y, en ocasiones, desearí­a regresar el tiempo y haber vivido en otras épocas, pero cuando ¡ay! me acuerdo de la falta de tecnologí­a de ellas, sonrí­o y me digo a mí­ misma....no...que va...mejor me quedo aquí­.
En todo caso, siempre podré disfrutar de esa hermosa pelí­cula "somewhere in time", que nombraron en español: "Dile al tiempo que vuelva", con Seymor y Reeves, que me encanta, no sólo por esa fantasía que todos tenemos de regresar al pasado, sino por lo que significa ver una historia dedicada a esos amores que son capaces de traspasar el tiempo.
En fí­n...fí­jense lo que hace un viernes, sola en casa, en la quietud de esta noche que me guardé sólo para mí­.