
Hace apenas unos instantes, recibí de parte de mi hermano-primo, Juan Carlos Morales Manzur, una copia del original de la partida de matrimonio de nuestros abuelos, don Jesús María Morales Leal y doña Rosalía García Fernández. Como es de suponerse, Juanco está feliz porque él, como genealogista certificado, es un incansable buscador y estudioso de las huellas u orígenes de las personas y ¡cómo no! más de nuestras propias raíces.
Lo cierto es que, como es usual entre nosotros, compartimos también esta afición y al tener la referida partida, no pude —lo mismo que él— sino emocionarme al ver los pormenores de aquel día, hace ya 92 años, cuando nuestros abuelos se dieron el "sí".
Varias cosas me llamaron la atención de este documento:
1º La letra; bellísima, por cierto. Es decir, es una partida manuscrita con una caligrafía que ya poco se ve en estos días. De mis familiares, sólo mi Tío Aquiles tuvo una similar. A su muerte, acaecida en 1990, quise emularla —consiguiéndolo parcialmente— pero ¡qué va! esas letras se aprenden desde que somos niños y yo ya tenía mi califigrafía formada para entonces.
2º La partida tiene tachaduras. Imagino que para 1919, cuando fue escrita, eso era perfectamente normal. Le preguntaba a Juanco, de todas maneras, si eso podría tener algún significado en cuanto a la veracidad de la información allí contenida. Dedujimos ambos que la fuente de la misma —el libro original que la contiene— debería ser la garantía de legitimidad sobre la cual inquiríamos.
3º La partida no sólo tiene tachaduras sino errores e imprecisiones. Me explico: mis abuelos no se casaron el veinte de marzo sino el diecinueve de marzo de 1919. Si se observa bien la escritura, se ve que el día que asentaron la partida, olvidaron u obviaron escribir la fecha exacta del matrimonio, para añadirla más tarde (ignoramos cuándo, pero estamos seguros porque la letra es diferente) colocando 20 en vez de 19.
En segundo lugar, el apellido de la madre de mi abuela —Teotiste— aparece como "Ferrer" cuando ella se apellidaba "Fernández". Sobre eso no hay duda alguna. También me preocupaba a efectos legales lo que eso podría significar, pero luego imaginé que no había ningún problema en realidad, porque si mi abuela se apellidaba García Fernández, era porque en la partida de nacimiento de mi bisabuela estaban claramente señalados sus verdaderos apellidos. En tercer lugar, aparece tachada la edad de mi abuelo que había sido asentada como 26 años, para colocar, encima y con otra letra, 23; en cuyo caso sí era la edad real de él.
4º Cuando se menciona el oficio de mi abuela al momento de su casamiento se dice que es de "ocupaciones propias de su sexo". ¿Ocupaciones propias de su sexo? ja, ja, ja; la verdad, me ha hecho sonreir esta parte de la narración, y al mismo tiempo, me ha hecho reflexionar sobre lo mucho que se ha avanzado en materia de igualdad de género. De todas maneras, y como anécdota para sus familiares, mi abuela fue una revolucionaria en el campo del feminismo, pues, jamás usó el apellido de mi abuelo, aun cuando en su época era de obligatorio cumplimiento (ella nació en 1900; se casó en 1919, y es sólo en 1982 cuando se establece la modalidad de uso del apellido del marido, como una elección voluntaria y nunca una obligación, y mucho menos el incumplimiento de los deberes conyugales, mediante reforma parcial del Código Civil).
5º Al final de la partida, aparecen reflejadas las firmas de los contrayentes y demás testigos. La de mi abuela, es nítida y —perdónenme ustedes el orgullo de nieta— preciosa. La de mi abuelo no aparece, porque él era analfabeta. Supongo, entonces, que quien aparece firmando como: "amigo del contrayente", debió hacerlo en su nombre —si es que esto era permitido— o si fueron tomadas sus huellas dactilares en sustitución de la consabida rúbrica.
Como pueden ver, es fascinante el ejercicio de mirar a través de la ventana del pasado, y más, si lo que se mira te toca fibras tan cercanas como las de tus antepasados.
En mi caso, amé a mis abuelos y ya es harto conocido que mi debilidad fue mi abuelo, a quien recuerdo y extraño cada día de mi vida.
Dentro de poco, este 19 de marzo, se estarán cumpliendo 92 años de la fundación de mi familia; de nuestra familia y no puedo sino agradecer a Dios por venir de donde vengo y por haber tenido tan buenas raíces: gente decente y trabajadora que nos inculcó los mejores principios y valores para la vida.
Definitivamente...¡somos Los Morales!
https://www.familysearch.org/s/image/show#uri=http%3A//pilot.familysearch.org/records/pal%3A/MM9.1.i/dgs%3A004622599.004622599_02287&hash=Mrd8SMocDIIen2Q83tu%252B82PRagg%253D