
Ayer 30 de marzo, amanecí con la infausta noticia de la inesperada muerte de Gustavo Paz, quien fuera mi amigo y a quien tenía un cariño especial.
Gustavo fue, durante tres años, mi estilista personal cuando conducía mi programa televisivo "Cara a Cara".
En todo ese tiempo, pasé muchas horas, día a día, en su salón de belleza conversando, bromeando, comentando cosas y soñando con realizaciones.
Levantó su empresa de belleza integral con Eloy, su compañero de toda la vida, basada en su talento y visión de un negocio que fue creciendo con proyección internacional.
Era un maestro con el pincel y sus dotes de docente permitieron a muchos formarse para incursionar en tan exigente mercado.
Se preocupó siempre por actualizarse para ofrecerle lo mejor a su clientela y, testimonio de ello, son sus periódicos viajes a Estados Unidos y, recientemente, Europa.
Creó su propia línea de cosméticos e hizo feliz a más de una novia, modelo, quinceañera, entre otras.
Lo que más quisiera resaltar de él, sin embargo, es su humildad y enorme simpatía.
Tenía una risa contagiosa y nunca perdió ese niño que todos llevamos dentro.
Aún recuerdo aquella mañana, en el Hotel El Paseo, donde compartíamos un desayuno ofrecido por un conocido comunicador de la región, a finales de 2001, cuando le propuse que se ocupara de mi estilismo ante el inminente lanzamiento de "Cara a Cara".
Enseguida me dijo que sí; que fuera a la peluquería y todo con una sencillez y don de gente increibles.
Me sentí muy feliz en ese momento y como los ratos de felicidad no son tan abundantes, tendré siempre en cuenta eso para nunca olvidarlo.
Mis palabras, ahora, son para Eloy y para su familia, especialmente para su señora Madre, doña Mercedes quien sufre, inmerecidamente, el dolor más grande que puede sentir ser humano alguno: la muerte de un hijo.
Que Dios les conceda el consuelo que necesitan para seguir adelante.
De mi parte, les envío muchas bendiciones y a Gustavo le digo, dondequiera que esté, que Dios es un ser bueno y misericordioso quien, estoy segura, lo habrá acogido en su seno.
Descansa en paz, amigo. Hasta que volvamos a vernos en la gracia divina.