Hoy he decidido volver a escribir en mi blog, dejando de lado —no sé si definitivamente — al Facebook. Allí coseché grandes amistades; conocí gente maravillosa y hallé la más importante razón para vivir. Sobre esto último no comentaré, porque forma parte de mi vida privada y hoy más que nunca no permitiré que nadie se acerque lo suficiente a ella; a veces dejamos la puerta entreabierta y damos demasiada confianza a los demás, y en realidad la intimidad es una cosa seria, y hay que protegerla a como dé lugar.
Facebook también me ayudó a abrir el corazón y a expresarme desde mi yo esencial. De hecho, hubo momentos en los que pensé que era como una especie de diario público en el que guardaría, para siempre, mis ideas, pensamientos, sentimientos y vivencias. Bueno, por un tiempo fue así, pero luego me di cuenta que la vida de cada quien no puede ser tan pública porque hay cosas que es mejor tener a resguardo y hasta ponerles cerrojo.
Algunos dirán: ¿y en qué cambia que escriba en mi blog? Bueno, para mí cambia en mucho; aquí no siento que tengo seguidores pendientes de lo que escribo. Allá, en el Facebook, tenía más de mil contactos y la mayoría de ellos era simplemente observadora de lo que decía.
También es que tengo el corazón en remojo...y cuando eso me pasa, prefiero aislarme un poco y andar con bajo perfil. Tengo importantes actividades por delante y debo prepararme en todo sentido para no fallar en ninguna de ellas. A veces me aterroriza fracasar cuando sé que muchos esperan tanto de mí. Si me lo preguntan, tal vez habría preferido una vida más tranquila; más tradicional, pero una personita llamada Graciela —mi madre— me formó para otra cosa. Ella siempre ha sido mi mejor modelo de lo que es una mujer inteligente, luchadora y capaz de llevarse el mundo por delante. Me enseñó a ser ambiciosa en el buen sentido de la palabra y a no conformarme nunca con nada menos que el éxito. Me facilitó las mejores herramientas: una buena crianza de hogar; una buena educación; la mejor familia y es difícil deslastrarse de semejante legado.
En fin; que nada es para siempre. Como me dijera alguna vez una persona muy especial para mí, quien me marcó en todo sentido: todo tiene un principio y un fin. Por eso quise venir a plasmar en este espacio que es absolutamente mío, esos sentimientos que solo alguien muy consciente de la vida y del valor del tiempo, podrá entender. En lo sucesivo, escribiré sobre todo aquello que me mueva el piso y mientras tanto, le digo a quienes me quieren, que no se olviden de mí. Hasta pronto.
Lucrecia María Margarita.