lunes, abril 03, 2006

Las flores de mi primavera


Abril siempre ha sido el mes de la primavera y el que me viera nacer hace ya casi 43 años.
Durante toda mi vida, esperé esos 15 de abril con la ilusión de una chiquilla que sabía que tendría piñata, torta y refrescos, rodeada de mucha gente que la abrazaría y daría sus felicitaciones. Mami desde niña me dijo que había nacido con suerte porque había nacido en abril...y en quincena. Yo siempre me lo creí. A medida que pasaron los años, el natalicio fue adquiriendo otro significado. Mis quince, que fueron inolvidables, pasaron rápido. Después llegaron los veinte...treinta...cuarenta y aquí comencé a hacerme preguntas, a meditar y pensar en lo que había hecho en todo este tiempo.
Ya saben, son las integrrogantes que la gente se hace a sí misma cuando siente que ha llegado a la mitad de algo que no sabe precisar muy bien.
Sin embargo, lo más importante que pudo pasarme en la vida, es haber traido al mundo a mis dos hermosas hijas; de paso...también en abril. Por eso, son las flores de mi primavera; las más radiantes, las más hermosas, las más coloridas, las de destellos más intensos, capaces de derretir mi alma y traspasar mi espíritu.
Mis hijas son el por qué de mi vida. Ahora, cuando van a cumplir 16 y 17 años, me doy cuenta de lo mucho que han crecido y de lo feliz que me siento de saber que son dos adolescentes sanas, nobles, de buenos sentimientos, talentosas y disciplinadas en sus estudios.
Mis hijas, desde mi corazón de madre, lucen perfectas y créanme que si tuviera que morir, moriría por ellas.
Ahora, cuando voy a cumplir mis 43 primaveras...o mis 43 abriles, como me gusta decirlo en los últimos tiempos, lo único que deseo es saber que ellas son felices, que están contentas, llenas de vida; que tienen paz y estabilidad emocional para enfrentar la vida pase lo que pase, porque el mañana les pertenece y se que tendrán muchos abriles más para disfrutar, a plenitud, la obra de Dios.
Feliz Cumpleaños, hijas. Dios las bendiga. Mami.