
Se suponía que el día iba a ser especial para Raquel. Por primera vez en muchos años, pasaría un día de San Valentín sabiéndose enamorada del mejor hombre del Mundo y realmente se sentía afortunada, pues, además de estar segura de sus sentimientos, sabía que era correspondida.
Raquel es una gran amiga de toda la vida. Para resguardar su verdadera identidad, he escogido este nombre para ella, pero lo verdaderamente importante, es conocer la historia que encierran sus palabras.
Como les iba diciendo, Raquel se sentía en el Paraíso. Había conocido a Beraldo a través de su trabajo en una sucursal fuera de la ciudad.
Sin embargo, no fue sino años después cuando la chispa del amor surgió entre ellos...o bueno, eso es lo que ella pensaba.
Por esas circunstancias del destino, Beraldo fue transferido a una sucursal extranjera y estando él allá se consolidó la idea de hacer una vida juntos al regreso de éste.
Todo parecía ir bien aunque Raquel siempre me decía que notaba a Beraldo extraño; como si todo fuera más importante que ella.
Sentía, según me narraba, que evadía charlar con ella; que nunca intentó llamarla y que su entusiasmo no terminaba de convencerla.
Esperó el día señalado para conversar sobre muchas cosas, llegando a tocar el tema que le incomodaba: su actitud de tanto tiempo.
Casi mintiendo para obtener verdades, Raquel logró que Beraldo le confesara que no estaba dispuesto a abandonar su mundo para ir en pos de la felicidad con ella, una vez regresara a Venezuela.
"Nos separan muchas cosas", le había dicho.
Me cuenta mi amiga que el terminar la charla, tomó desesperada el teléfono para narrarme lo que igualmente acabo de contar aquí...con el permiso de ella.
Me preguntó, al principio, qué creía yo de todo esto y le respondí con el corazón en la mano lo que creo que explica la situación. El asunto focal de todo esto es el amor.
Casualmente en el momento de escribir estas notas, me acababa de llamar mi amiga Noris para charlar un rato y en medio de su conversación, sin yo pedírselo y sin saber nada de Raquel, me contó que cuando su hija se había ido a vivir al extranjero, ella pudo haberse matriculado en la universidad para estudiar la carrera que más le había gustado en la vida, aunque le tomase diez años hacerlo; no obstante, ante esa oportunidad siempre anhelada y popuesta y la posibilidad de ir a ver a su hija dos veces en cada año, sencillamente no había tenido duda alguna: ella escogió poder estar con su hija y había sido así porque el amor por su hija estaba por encima de todo.
En ese momento, supe la respuesta para Raquel: Beraldo, efectivamente, no la amaba, porque quien mucho ama; quien ama de verdad, apasionada e intensamente, no piensa mucho; no tiene dudas, no le importa empezar de cero.
Beraldo estaba, además, atado a su mundo, a sus cosas, a sus proyectos, a su vida; escenario en la cual no cabía Raquel.
De inmediato, llamé a mi am amiga y se lo dije; nada, se echó a llorar y me dijo una frase que se ha quedado grabada en mi mente:
"Nada, Lucre, sencillamente fracasé como mujer...sencillamente, no pude".
Raquel se refería a que sentía que no había sido capaz de conquistar el corazón de Beraldo, por más que puso su alma en ello.
A diferencia de los libros de desarrollo personal y autoestima, no pienso referirme a este capítulo en la vida de mi amiga, como una oportunidad de crecer y continuar como si nada. No; seria muy hipócrita de mi parte y me sentiría ridícula haciéndolo. ¡C laro que había pasado algo y muy delicado!
Para empezar, siento que, en parte, Raquel tiene razón: no pudo y sí; fracasó en su intento por estar con Beraldo.
A veces, la vida de ciertas mujeres, es una historia de desencuentros con el amor, pero lo que más dolor da y resulta incomprensible en esta historia, es haberla dejado llegar hasta donde llegó.
Beraldo no estaba obligado a unirse a Raquel, pero tampoco estaba en el derecho de mentirle u ocultarle la verdad que, al fin y al cabo, es lo mismo.
Permitió este chico que Raquel tejiese sueños, explorara nuevas ilusiones y sintiera que el Mundo le pertenecía cuando en realidad no tenía absolutamente nada en sus manos.
Amar no es obligado...
Y, sinceramente, tampoco soy de las que se conformaría con un amor tibio, de esos que no calientan.
Para mí, el amor tiene que ser como un torbellino que te arrase y te lleve con su furia, pase lo que pase.
El amor tiene que darlo todo por el sujeto amado; debe estar dispuesto a dar la vida y quemarse en la llama del fuego eterno.
Amar va más allá que sacar cuentas; el amor no piensa; actúa.
Así que Raquel...Beraldo no te amaba...no te ama y no creo que llegue a amarte.
No sabes cuánto me duele lo mucho que sufres, porque el dolor de un amor fallido sólo lo entienden los corazones que han sufrido lo que el tuyo sufre ahora, pero soy tu amiga; yo sí te quiero y no puedo mentirte.
Quisiera poder consolarte como se consuela a un pequeño niño, pero quizás te haría más daño con eso. Tienes que asumirlo y aprender a vivir con eso.
Para desgracia de los que más sufren, la vida sigue...inexorablemente.
"Tus ojos se cerraron y el mundo sigue andando..." ; nada más cierto que lo que dice esta canción de Gardel.
Mientras tu corazón sangra, amiga, el suyo (el de B eraldo), se irá serenando firmemenente.
Le será fácil salir adelante, porque para él, un problema fue resuelto. Para tí: un calvario apenas comienza.
Pero bueno, aquí estoy contigo, con el firme propósito de ayudar a mantenerte en pie, porque es lo que tú harías conmigo y porque es lo que nace de mi profundo cariño por tí.
Quizás en algún tiempo puedas sentir que fue un mal sueño y seguir, continuar el camino pues el corazón no deja de latir.
Mientras tanto, yo me quedo con Sabina, porque así es como yo concibo el amor:
"...morirme contigo si te matas, matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren..."