
Ayer fue un día feliz para mí: después de una larga pausa, volvi a reencontrarme con viejas y buena amigas que me regalaron una tarde de alegría y mejores recuerdos.
La amistad tiene un lugar sagrado en mi corazón y creo que Bolívar la consideraba un tesoro. En todo caso, yo me siento afortunada de tener amigos. Puedo contarlos con los dedos de mis manos pero, en general, son personas sencillas, puro corazón, honestas y trabajadoras. Además, son seres humanos entre quienes puedo sentirme yo, sin disfraces, sin poses ni palabras fuera de lugar.
Para mis amigos, lo más importante, es que yo valgo por lo que soy dentro de mí misma y no por lo que el Mundo desea que sea.
Cuando estoy con mis amigos, -de paso-, me siento querida y ésa es una sensación maravillosa que no deseo perder jamás.
Por eso, ayer reí a rienda suelta; conté mis tradicionales "chistes" que sólo arrancan risas genuinas a mis amigos y no justamente por ser buenos, sino porque vienen de mí y por la forma como los cuento y también les dije a Albany y a Irene, que las quiero mucho y que no me gustaría que pasáramos mucho tiempo sin vernos, porque estar juntas me nutre, me insufla aliento, me distiende, me justifica como persona y me hace feliz.
Vamos, es que andar con amigos es estar con aquellos que jamás te harían daño sino que, al contrario, si pudieran, siempre te ayudarían, te apoyarían, reirían contigo, pero también te pondrían su hombro para que depositaras en él la carga de tus tristezas.
Andar entre amigos, es ser joven eternamente y recobrar el brillo de tu ojos que vuelven a ser ojos de niños.
En lo particular, jamás pensé que el corazón pudiera dividirse en tantos trozos iguales; todos ellos llenos del amor que profeso a mis amigos. En ellos, se halla contenido mi afecto, mi sinceridad y lealtad eternas.
Un día, hace muchos años, alguien me dijo que no creia en los amigos y hoy, no puedo sino sentir cierta tristeza por esa persona que se ha perdido de gente especial y le ha cerrado su corazón a la posibilidad de compartir la carga de la vida con aquellos que están cuando el resto se ha ido.
Desde aquí quiero pedirle a Dios que bendiga a mis amigos. Ustedes saben quienes son; no necesito nombrarlos porque esas tonterías quedan para los actos ceremoniales, y entre nosotros no cabe formulismo alguno. Gracias por ser parte de mi vida y por hacerme sentir que siempre que esté con ustedes...podré ser yo y sólo yo. ¡Los amo!