
Últimamente no parezco yo o quizás ésta es la que soy realmente. Toda mi vida pedí a Dios saber cosas...entender cosas...tener cosas...Hoy, tengo muchas cosas, entiendo otras y se la más importante de todas. Ésa, sin embargo, me la guardaré para mí. En el interín; en el proceso de hallar aquello que anhelaba saber, experimenté la mejor de las sensaciones: descubrir la verdadera yo. Esa Lucrecia, que mi amigo Octavio llama la Lucrecia esencial, es un ser humano sensible y entregado, capaz de darse, de recibir y retribuir afecto, de ser feliz con poco, no poseyendo nada pero sintiendo que se posee todo. Ese tiempo, no obstante, fue muy efímero y ahora me hallo en medio de la nada...de mi nada espiritual.
Todos los días intento seguir lo mejor que puedo. Créanme...lo intento. Ante todo, evado el pensamiento y me digo a mí misma que llegará el día cuando ya nada importe y logre sentirme, al menos, en paz, pero las horas y los días pasan y nada cambia...nada.
Estoy casi convencida que nunca debió suceder nada de lo que ha sucedido en mi vida hasta ahora; nada, excepto mis hijas. Lo demás, lo borraría todo.
Si tan solo el tiempo no fuera lineal y la vida se pudiera devolver...
Vine a escribir porque es lo que necesitaba hacer. Antes, me servía hacerlo. Quizás ahora también...
Algunas veces no tengo seguridad de nada...ni siquiera de si existo y eso que respiro.
Estoy en medio de la nada, habiendo sido huesped del todo...todo y nada...