
Decía el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco: "...cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del Mundo" y nada más cierto que eso.
Ayer amanecí, consternada, con la noticia del brutal asesinato de los Hermanos Faddoul. Eran tres jovencitos; tres criaturas inocentes que no despertaron la más mínima misericordia en los ¿seres humanos? que cortaron, de tajo, sus nacientes ilusiones de vida.
Uno de esos niños, de apenas 13 años, tenía una discapacidad.
Dios mío, -me pregunto-, ¿se estarán cumpliendo tus profesías de fin de los tiempos?, porque mi humilde persona no puede comprender un crimen; un acto tan abominable.
Como expresaba la señora Diab, -la madre de los niños-, en días previos al asesinato: ¿es que acaso ellos no tienen madre, padre, hermanos, hijos?
Sinceramente, es difícil pensar en esa gente con indulgencia. Yo, que soy una activista en contra de la pena de la muerte, he tenido sentimientos encontrados desde que supe del desenlace del secuestro de los Hermanitos Faddoul.
He pedido, como es de suponer, perdón al Señor.
Me repito, con insistencia, que no soy nadie para juzgar y que la vida la da y la quita Dios...
Nada más cierto, pero es que cuando pasan cosas como éstas, hasta la gente de fe flaquea, como humana al fin, tratando de hacer justicia de alguna manera aunque, igual, hágase lo que se haga, ni John, ni Kevin ni Jason volverán a sonreirle a su madre, conversar con sus amigos en el colegio o simplemente descansar en sus camas, viendo el programa de televisión de su preferencia.
Por todo cuanto he podido leer acerca de ellos, intuyo la clase de crianza que tuvieron; una crianza guiada por valores familiares intensos que fueron reforzados con amor y entrega.
El amor lo puede todo...siempre he dicho.
Tienen que haber tenido muchas carencias afectivas las personas que mataron a John, Kevin y Jason.
Dios...necesito perdonarlos...pero no puedo.
Necesito entender que fueron seres sin ese amor que tú prodigas a tus hijos y a la Humanidad, pero....no puedo.
Quisiera poder regresar el tiempo y tener la habilidad para cambiar las historias y, así, devolverle, sanos y salvos, esos hijos a su madre....pero no puedo...no puedo....no puedo....
Son muchos sentimientos encontrados.
Mi corazón de madre llora, porque se lo que duele un hijo...
Por eso, Jesús, te pido que le des consuelo a esa madre...a ese padre...a esa familia.
Ellos no podrán regresar ya, pero ojalá el recuerdo de sus dulces e inocentes vidas, sea un elixir para las almas atormentadas de quienes ahora no puedan entender el por qué de esta triste historia.
Dios nos da libre albedrío...no lo culpemos a él; pero, seguramente, él sabrá por qué sucedió esto y con qué finalidad bajo las leyes del Universo.
Paz a las almas de esos preciosos niños y a la de su chofer, quien también fuera secuestrado esa fatídica mañana de febrero y después, ajusticiado junto a ellos.
Mientras tanto, sigo tratando de entender....pero no puedo.