
Mientras revisaba uno de los trabajos a ser incluidos en el libro homenaje a la institución académica para la cual trabajo y referido a la Matanza de Bahía Portete, -Colombia-, que hace, a la vez, alusión a la incursión en dicha localidad de grupos paramilitares el 18 de abril de 2004 que ultrajaron, torturaron y mataron indígenas wayúu allí asentados, trayendo como consecuencia el desplazamiento de más de cien familias de distintas castas residentes, no pude menos que sentir rabia y, a la vez, dolor, por la realidad que viven nuestros hermanos colombianos en general; realidad a la cual ahora se suman las comunidades indígenas.
Aunque, gracias a Dios, no he sufrido de eso que llaman el destierro del terruño, puedo imaginar lo que significa verse alguien forzado a dejar atrás su tierra, sus pertenencias, sus recuerdos...sus afectos.
Debe ser algo así como si el alma se desgarrara y el corazón se hiciera añicos para no dejar ya de sangrar jamás.
Sí, porque intuyo debe ser una herida abierta para siempre, no poder volver a pisar los lugares por donde construimos nuestras historias de vida.
Y, justamente, esa sensación de pérdida que nunca he sufrido, se ha acrecentado al comenzar a conocer un poquito más, la cultura del pueblo guajiro; un solo pueblo dividido artificialmente por la frontera que los separa en wayúu colombianos y venezolanos.
Sinceramente, siento mucha verguenza: habiendo nacido en una zona fronteriza muy cercana a esa Guajira de Gallegos plasmada magistralmente en su obra: "Sobre la misma Tierra", me veo en la necesidad de reconocer que no sabía cuán hermosa es su esencia como pueblo.
Los wayúu son soñadores...tienen una visión del mundo muy diferente a la nuestra, por la cual entienden mejor la muerte y le dan más sentido a la existencia.
Saben respetar a los ancianos y veneran la herencia matriarcal según la cual las mujeres transmiten sus valores, mantienen las tradiciones y llevan el hogar.
Las niñas son preparadas para la vida y aunque pueda entrar en conflicto con sus ideas sobre la unión entre un hombre y una mujer caracterizada por una tendencia poligámica, sencillamente las respeto, porque son su legado ancestral y para ellos es lo correcto.
¿Quién soy yo para asumir posturas y criticar la forma de ser de otros pueblos?
Además, los wayúu son valientes y, muy por el contrario de lo que muchos piensen en mi región y en Venezuela, son gente pacífica.
Creen en la trascendencia de la vida después de la muerte e igualmente honran a quienes se van a otra dimensión en la que se reencontrarán con sus seres amados.
Promueven el linaje y son fieles a sus raíces, a su tierra, a sus tradiciones... a su esencia.
Díganme ustedes: ¿puede haber mayor mérito que el de haber soportado la propaganda alijuna por tanto tiempo, preservando quienes son, a pesar de ello?
De igual forma y, sinceramente, me conmovió la dignidad y entereza del pueblo guajiro (guajiro para los venezolanos, wayúu en el corazón de cada uno de ellos).
Por eso, en este momento elevo una oración a Dios en esta noche callada y sin estrellas, para que los proteja, además de nunca volver a ser expulsados de su mma (tierra) para que así puedan seguir soñando en ella.