
Por lo general, solía afirmar con vehemencia que era una persona libre e independiente, pues no sólo tenía (y aún tengo) un espíritu inquieto, sino que me molestaba que trataran de coartarme esa libertad; sin embargo, vivir los tiempos que estamos viviendo, no es cosa fácil.
En un poco más de tres meses, he sido dos veces soprendida por la acción del hampa. La primera de ellas, por asesinos profesionales y sin escrúpulos, de manera tal que si salí viva de esa situación, sólo puedo achacárselo a las manos de Dios; la segunda de estas ocasiones, hube de entregar, nuevamente, mi celular, a un ratero común que esperaba, sigiloso, que sus víctimas pasaran descuidadas frente a él, para cometer sus fechorías.
Por supuesto que pude hacer algo para impedirlo: pude forcejear, pude intentar despojarlo de su arma, pude hacer muchas cosas, pero opté por la que me parece la más lógica: no exponer mi vida sin necesidad.
Es que no podemos saber como reaccionará la mente distorsionada de un delincuente y yo tengo dos hijas que quiero terminar de ver hacer sus vidas.
De todas formas, lo que trato de decir, es que esa libertad de la que tanto me ufanaba, es un mero recuerdo de otros tiempos cuando no había tanta inseguridad en las calles y una podía ir por ahí, tranquila, sin pensar que algún pillo sin escrúpulos pudiera amenazarte tu vida y tus bienes.
¡Qué triste! ¿verdad?.
Para colmo, está el problema de la impunidad que es cada día más grande y, en mi opinión, a esa impunidad contribuimos cuando no denunciamos; cuando no actuamos proactivamente para detener el crimen.
Gracias a Dios, pude ayudar a la policía a capturar al ratero que me robó el celular esta última vez.
Créanme, estaba tan enojada con él y conmigo misma (sí, para que vean), que me había prometido que algo iba a hacer y Dios me presentó la posibilidad de verlo cometer la misma fechoría a alguien que iba detrás de mí, apenas dos días después. Ese día, sinceramente, me sentí menos impotente y cierta satisfacción de apoderó de mí. Al menos, lo estaba haciendo pasar un mal momento y esa cuadra o esquina, se libraría de una alimaña como él.
No se cuánto tiempo quede preso, pero cumplí con mi deber ciudadano y éso es suficiente para mí.
Igual, ya no me siento libre y de nada me sirve ser independiente si no puedo disfrutarlo en condiciones de seguridad

