lunes, enero 23, 2006

¿Estamos preparados para morir?; in memorian para tí A.E.


Reunida esta tarde del domingo 23 de enero entre buenos amigos, se planteó el tema de la muerte y
conversando sobre los puntos de vista de cada uno acerca de ella, nos dimos cuenta que no estamos preparados para morir y no lo estamos porque morir no es fácil si no entendemos que la muerte es parte inseparable de la vida. Y, claro, debo confesar que entre esos que no están listos, me encuentro yo.
Sin embargo, traigo a colación tal conversación, porque me llamó la atención la valerosa actitud de quien fuera la esposa de un gran amigo de siempre, recientemente fallecida.
A.E., -permítanme llamarla por las iniciales de su nombre-, supo desde antes de nacer su segundo hijo, que padecía cáncer; aun así, fue la primera en querer tener otro hijo que le hiciera compañía a su primera hija.
Incluso, al nacer su pequeño, decidió amamantarlo durante todo un año, a sabiendas que debía haberse operado y puesto en tratamiento desde hacía mucho tiempo.
No obstante, A.E. optó por el camino del amor; sí, porque sólo puede denominarse así a su comportamiento.
Y escogió amar a su familia, incluso por encima de su propia salud.
Bien dice la Biblia que el que da la vida por los demás, tiene el Cielo ganado.
Pero, siguiendo con este pequeño homenaje que deseo hacerle a su memoria, durante los diez años que batalló contra su enfermedad, nunca perdió la sonrisa, ni ese optimismo contagioso y admirable que cuentan sus amigos más cercanos tuvo hasta el final.
Cuando tuvo su primera metástasis, supe que uno de sus médicos pensaba que era el fin; sin embargo, había que conocerla para saber que ella sólo se moriría cuando Dios quisiera y no cuando la ciencia pareciera haber sentenciado.
También, durante ese tiempo, se dedicó a brindarle lo mejor de sí a los suyos y a enseñarles; a prepararles para el día que ya no estuviera entre ellos.
A.E. era psicóloga y sabía de esas cosas. Aun así...no debió ser fácil, pero lo hizo porque, de nuevo, escogió el camino del amor.
Le gustaba la música y cantaba muy bien. En el colegio de sus hijos, era sobrecogedor, por admirable, oirla cantar: "gracias a la vida que me ha dado tanto..."
Eso me lo ha dicho gente que pudo verlo....por eso lo se.
Ahora, cuando ya se ha ido, puedo decir que su ausencia es sólo física, porque sigue y seguirá presente entre quienes la conocieron y recibieron el legado de su lucha, de su optimismo y de su amor.
Quizás ella tampoco estaba preparada para morir, pero aprendió el verdadero valor de la vida, aun sabiendo que su muerte era segura: disfrutar cada minuto, celebrar los momentos que Dios le regalaba junto a sus seres más queridos y dejarles el ejemplo de esa fortaleza, valentía y ganas de vivir, por encima de sus ratos de flaqueza, que seguramente tuvo, por humana al fín.
Desde aquí, te rindo tributo y quiero que sepas que hiciste una gran labor: tus hijos son maravillosos y están sobrellevando con madurez y entereza, tu partida, con el apoyo de su padre, ese excelente hombre que tanto te amó.
Ojalá quienes te conocimos, e, incluso, los que no tuvieron ese honor, podamos aprender algo de tí; especialmente a vivir con valentía y una sonrisa en los labios, teniendo la misma certeza que tú tuviste: porque que no se nos olvide que, algún día, igual todos vamos a morir.

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