jueves, abril 06, 2006

Mi corazón de madre llora


Decía el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco: "...cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del Mundo" y nada más cierto que eso.
Ayer amanecí, consternada, con la noticia del brutal asesinato de los Hermanos Faddoul. Eran tres jovencitos; tres criaturas inocentes que no despertaron la más mínima misericordia en los ¿seres humanos? que cortaron, de tajo, sus nacientes ilusiones de vida.
Uno de esos niños, de apenas 13 años, tenía una discapacidad.
Dios mío, -me pregunto-, ¿se estarán cumpliendo tus profesías de fin de los tiempos?, porque mi humilde persona no puede comprender un crimen; un acto tan abominable.
Como expresaba la señora Diab, -la madre de los niños-, en días previos al asesinato: ¿es que acaso ellos no tienen madre, padre, hermanos, hijos?
Sinceramente, es difícil pensar en esa gente con indulgencia. Yo, que soy una activista en contra de la pena de la muerte, he tenido sentimientos encontrados desde que supe del desenlace del secuestro de los Hermanitos Faddoul.
He pedido, como es de suponer, perdón al Señor.
Me repito, con insistencia, que no soy nadie para juzgar y que la vida la da y la quita Dios...
Nada más cierto, pero es que cuando pasan cosas como éstas, hasta la gente de fe flaquea, como humana al fin, tratando de hacer justicia de alguna manera aunque, igual, hágase lo que se haga, ni John, ni Kevin ni Jason volverán a sonreirle a su madre, conversar con sus amigos en el colegio o simplemente descansar en sus camas, viendo el programa de televisión de su preferencia.
Por todo cuanto he podido leer acerca de ellos, intuyo la clase de crianza que tuvieron; una crianza guiada por valores familiares intensos que fueron reforzados con amor y entrega.
El amor lo puede todo...siempre he dicho.
Tienen que haber tenido muchas carencias afectivas las personas que mataron a John, Kevin y Jason.
Dios...necesito perdonarlos...pero no puedo.
Necesito entender que fueron seres sin ese amor que tú prodigas a tus hijos y a la Humanidad, pero....no puedo.
Quisiera poder regresar el tiempo y tener la habilidad para cambiar las historias y, así, devolverle, sanos y salvos, esos hijos a su madre....pero no puedo...no puedo....no puedo....
Son muchos sentimientos encontrados.
Mi corazón de madre llora, porque se lo que duele un hijo...
Por eso, Jesús, te pido que le des consuelo a esa madre...a ese padre...a esa familia.
Ellos no podrán regresar ya, pero ojalá el recuerdo de sus dulces e inocentes vidas, sea un elixir para las almas atormentadas de quienes ahora no puedan entender el por qué de esta triste historia.
Dios nos da libre albedrío...no lo culpemos a él; pero, seguramente, él sabrá por qué sucedió esto y con qué finalidad bajo las leyes del Universo.
Paz a las almas de esos preciosos niños y a la de su chofer, quien también fuera secuestrado esa fatídica mañana de febrero y después, ajusticiado junto a ellos.
Mientras tanto, sigo tratando de entender....pero no puedo.

lunes, abril 03, 2006

Las flores de mi primavera


Abril siempre ha sido el mes de la primavera y el que me viera nacer hace ya casi 43 años.
Durante toda mi vida, esperé esos 15 de abril con la ilusión de una chiquilla que sabía que tendría piñata, torta y refrescos, rodeada de mucha gente que la abrazaría y daría sus felicitaciones. Mami desde niña me dijo que había nacido con suerte porque había nacido en abril...y en quincena. Yo siempre me lo creí. A medida que pasaron los años, el natalicio fue adquiriendo otro significado. Mis quince, que fueron inolvidables, pasaron rápido. Después llegaron los veinte...treinta...cuarenta y aquí comencé a hacerme preguntas, a meditar y pensar en lo que había hecho en todo este tiempo.
Ya saben, son las integrrogantes que la gente se hace a sí misma cuando siente que ha llegado a la mitad de algo que no sabe precisar muy bien.
Sin embargo, lo más importante que pudo pasarme en la vida, es haber traido al mundo a mis dos hermosas hijas; de paso...también en abril. Por eso, son las flores de mi primavera; las más radiantes, las más hermosas, las más coloridas, las de destellos más intensos, capaces de derretir mi alma y traspasar mi espíritu.
Mis hijas son el por qué de mi vida. Ahora, cuando van a cumplir 16 y 17 años, me doy cuenta de lo mucho que han crecido y de lo feliz que me siento de saber que son dos adolescentes sanas, nobles, de buenos sentimientos, talentosas y disciplinadas en sus estudios.
Mis hijas, desde mi corazón de madre, lucen perfectas y créanme que si tuviera que morir, moriría por ellas.
Ahora, cuando voy a cumplir mis 43 primaveras...o mis 43 abriles, como me gusta decirlo en los últimos tiempos, lo único que deseo es saber que ellas son felices, que están contentas, llenas de vida; que tienen paz y estabilidad emocional para enfrentar la vida pase lo que pase, porque el mañana les pertenece y se que tendrán muchos abriles más para disfrutar, a plenitud, la obra de Dios.
Feliz Cumpleaños, hijas. Dios las bendiga. Mami.