domingo, junio 04, 2006

Rompiendo el silencio


Hace mucho que no escribo; lo se, pero eso sucede cuando ponemos en remojo el espíritu por cierto tiempo. A veces una necesita pensar, meditar, reflexionar, pues.
En medio de este silencio, he tenido la oportunidad de repensar muchas cosas.
Para empezar, me di cuenta que no me estaba queriendo lo suficiente a mí misma y eso es fundamental. De hecho, para poder querer a alguien, tienes que quererte tú primero, -me dije-.
Luego, entendí que no puedes forzar absolutamente nada en la vida; ni siquiera (y más importante aún), el amor. Puedes intentar poner el corazón al servicio de él; puedes esforzarte en dar lo mejor de tí; puedes entregarte por entero e igual, si no es posible, no lograrás nada.
Pero, si todavía así no encuentro eso que busco, siempre me quedará estar conmigo misma y seguir adelante con mi vida, que tiene muchos matices.
Allí están mis hijas, mi madre, mis viejitas adoradas; mi trabajo y mi mundo interior.
Todos los días salgo a la calle con la mente llena de proyectos y el alma plagada de ilusiones. Será que sigo esperando un cambio de rumbo que me sitúe en esa idílica posición de estar donde me sienta feliz.
Vamos, ya estoy clara respecto a la felicidad. Con ello me refiero a estar en un momento en el cual me sienta a gusto con el solo hecho de sentir que estoy viva y pueda salir a la calle a respirar aire fresco con esa sensación de no deberle nada a nadie.
Quizás algún día lo logre.
Quizás.
Mientras tanto, sigo esperando y sigo teniendo fe.