martes, marzo 08, 2011

Condenada a nunca olvidar.

Las personas como yo, estamos condenadas a nunca olvidar. Desde que tengo memoria, mis recuerdos suelen estar asociados a imágenes, olores, sabores, sensaciones y hasta sonidos. Es decir, que recuerdo con todos mis sentidos.

Para lograr darme a entender, les cuento, una a una, varias de mis experiencias al respecto.

1º El olfato: cuando fui por primera vez a España, recuerdo haberme llevado un perfume que recién acababa de salir al mercado y que me atraía mucho por la marca que lo había creado (Carolina Herrera, 212). Ese viaje, que significó mucho para mí, pues me había ganado una beca de la Agencia Española de Coorperación Internacional para una estancia de investigación en Madrid y Alcalá de Henares, me dejó recuerdos imperecederos y maravillosos. Después de ese viaje, comencé a usar otras fragancias; sin embargo, cada vez que me aplico aquel CH 212, España vuelve a mí en cuestión de segundos. Lo mismo me sucede con el eu de cologne de Nike. En la época cuando la usaba, iba mucho a Caracas, también en labores de investigación, y cada vez que vuelvo a usarla, Caracas se hace tan nítida como las palabras que hoy escribo desde mi mesa de trabajo. Igual, los olores también se aplican al recuerdo de personas en específico, porque cada quien tiene un olor que lo identifica.

2º. El oído. Los sonidos son, a veces, perturbadores. Ellos me hacen situar en momentos específicos, cuyo recuerdo, en algunas ocasiones, me causa alegría pero, en otras, una profunda tristeza. Cuando escucho ciertas canciones, el alma se me encoge. También me pasa con sonidos particulares, como el ruido que hacen las "santamarías" al ser bajadas. Cada vez que escucho una, la máquina del tiempo viene por mí y me obliga al recuerdo. Las palabras, los modismos, las frases, dichos y expresiones, todas parte del lenguaje oral, también pueden provocarme memorias....

3º. El gusto. No es necesario ahondar mucho en esto, pero el sabor de ciertas comidas, me traslada a sitios o a lugares cuyo recuerdo no siempre es grato; tal vez porque queriendo volver a ellos, ya no es posible hacerlo.

4º El tacto. La suavidad de una tela, por ejemplo, me puede transportar a momentos únicos en mi vida. ¿Por qué lo bueno, no siempre podemos atesorarlo?

5º La vista. Dios...las imágenes....son una verdadera tortura para mí. Soy tan gráfica, que todo lo asocio a imágenes de todo tipo. No me lo creerán, pero he tenido que "botar"; si, desechar ropa y hasta objetos de mi vista, para no tener que recordar. En otras palabras, he ido desde, bloquear y eliminar hasta sacar de circulación fotos y souvenirs; es decir, cualquier cosa que signifique tener que evocar recuerdos que pudieran incomodarme o hacerme daño.

Claro que también hay recuerdos bonitos que, igualmente, vienen a mí a través de mis sentidos, pero como todo en la vida, es lo que nos hace sufrir lo que tratamos de dejar a un lado, por mero instinto de supervivencia.

En ocasiones, pienso que lo mejor sería poder construir nuevos recuerdos encima de los viejos; algo que yo llamo: la reinvención de la vida. Si no podemos hacerlo, estamos condenados a vivir sumidos en la nostalgia y ésta no es buena consejera para alcanzar la paz; ya ni decir la felicidad.